miércoles, 25 de octubre de 2017

Un jersey en el olvido


No sé cuánto tiempo había pasado, pero ahí estaba yo de nuevo, en la otra punta de su cama, con el cuerpo orientado hacia ella y el brazo derecho, supongo que guiado por mi subconsciente, extendido hasta posarse sobre una espalda cuyas dimensiones ahora volvía a recordar: casi cuatro palmos a lo ancho y 19 dedos a lo largo.

Lo primero que hice al despertar fue pensar que debía de hacer años de mi última vez ahí. Cuando me quise dar cuenta, llevaba del orden de diez minutos observando cómo dormía, pensando que tal vez ese podría ser el regalo que cubriese los de cada cumpleaños que no había estado a mi lado, los de cada navidad vacía de ilusión.

Salí del embobamiento al ver mis pelos caídos por la almohada y me acordé de sus bromas al respecto.

"El año que viene me voy a Turquía de turismo capilar, que he leído que mucha gente lo hace", le decía convencido.

"Espérate un pelín más", respondía, sin intención de protegerme de mi complejo, con su sonrisa burlona.

Yo había perdido pelo y ganado algún kilo. Ella, en cambio, estaba como siempre, diría que hasta mejor, lo que me llevó a sentirme una mezcla de trilero y feriante: ¿cómo la habría engañado para que acabáramos en su habitación?

Aprovechando la luz del día, comprobé de un vistazo que entre aquellas cuatro paredes no había pasado mucho el tiempo. Por ahí seguía el tablón de corcho, sin un hueco libre, con las fotos de sus padres, las más grandes, y de su hermana y sus amigos; también el póster de la serie que más nos unió y que nunca terminamos, la colección de libros de quien sigue agarrada al sentimentalismo del papel, la colección de periódicos, el estante con recuerdos de los viajes e incluso la televisión que le regalé. Siempre fui muy mitómano de ese cuarto, una especie de refugio al que no era nada fácil entrar y del que es mucho más difícil salir para no volver.


                   



De repente abrió los ojos, se giró y los posó sobre mí. No parecía sorprendida ni alarmada por que estuviera ahí pasmado, aunque no supe descifrar bien su mirada. Sentí que yo seguía siendo el mismo del pasado: las canciones que me arrepentí de haberle dedicado antes a otras, las copas que no nos tomamos, las compras en el mercado que no hicimos, la aventura en África que nunca vivimos, los poemas sobre nosotros que no conseguí rematar, el perro que no adoptamos, los hijos que nunca tuvimos... Todos sueños por cumplir.

Me ofreció un café para romper el silencio. "Ya sabes que si no me tomo uno no soy persona", se explicó, y reímos cuando le respondí "ya sabes que no soy muy de desayunar". Me dijo que se iba a la ducha y me asustó tanto la sola posibilidad de otra despedida, de otro final, que, en lugar de irme detrás de ella, esperé a que entrara al baño para vestirme y largarme. Llegaba muy tarde al trabajo y con la ropa del día anterior, como cuando tenía 22 años, pero esta vez sin la esperanza de que llegara un whatsapp cariñoso que acabara en otra cita y lo compensase todo.


Estaba tan sobrepasado que en empezó a no importarme nada de eso. Recurrí a un colega con el que apenas había tenido contacto desde hacía unos tres años. "Juanan, me ha pasado algo... ¿Sigues teniendo abierto el blog?". Y aquí estoy, sin saber qué decir ni qué hacer, incapaz de escribirla que me deje apostar por ella después de haber vuelto a olvidarme el jersey en su casa.

            
 
                                                                                                                        Mario Cortegana

lunes, 30 de enero de 2017

Películas con las que responder a la frase "el cine español es una mierda"

El sábado que viene son los Goya y con ellos vuelve una de las polémica más recurrentes: la calidad del cine español. Este año la polémica ha tenido un invitado de excepción en Mariano Rajoy y su confesión de no haber visto ninguna de las películas nominadas a los premios. ¿Hace bien nuestro Presidente obviando entre sus preferencias el cine español? Más allá del deber (o no) como Presidente de promover dicho cine, creo que comete un error grave no incluyendo entre su menú cinéfilo el cine que se produce aquí. ¿Por qué? Daré mis motivos en forma de películas, series o documentales que no desmerecen a ninguna producción extranjera y que debería hacernos valorar un poco más lo hecho en nuestro país.


Surcos (1951)

Director: José Antonio Nieves Conde

En los años 40, finalizado el conflicto de la Guerra Civil Española, una familia abandona el campo y emigra a Madrid con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, la vida en la ciudad es cruel y está llena de desengaños y penalidades. Manuel, el padre, encuentra trabajo en una fundición, pero no puede soportar el ritmo de trabajo. Pepe, el hijo mayor, se dedica a turbios asuntos relacionados con el estraperlo. Manolo, el hijo menor, encuentra trabajo como chico de los recados, y Tonia, la hermana, empieza a trabajar como asistenta.




Muerte de un ciclista ( 1955)

Director: Juan Antonio Bardem

Un profesor de universidad y su amante, una mujer casada de la alta burguesía, atropellan accidentalmente a un ciclista. Temerorosos de que se descubra el adulterio, deciden ocultar el trágico accidente.




Calle Mayor ( 1956)

Director: Juan Antonio Bardem

Los habitantes de una pequeña ciudad provinciana viven atrapados en sus rancias tradiciones y costumbres. En ese opresivo ambiente, Isabel, una mujer soltera de 35 años, se siente fracasada por no haberse casado. Juan y su grupo de amigos, que combaten el aburrimiento imaginando bromas pesadas, hacen creer a Isabel que Juan está enamorado de ella y que le va a pedir que se case con él.




Viridiana (1961)

Director: Luis Buñuel

Un viejo hidalgo español, vive retirado y solitario en su hacienda desde la muerte de su esposa, ocurrida el mismo día de la boda. Un día recibe la visita de su sobrina Viridiana, novicia en un convento, que tiene un gran parecido con su mujer.




Plácido (1961)

Director: Luís García Berlanga

En una pequeña ciudad provinciana, a unas burguesas ociosas se les ocurre la idea de organizar una campaña navideña cuyo lema es: "Siente a un pobre a su mesa". Se trata de que los más necesitados compartan la cena de Nochebuena con familias acomodadas y disfruten del calor y el afecto que no tienen. Plácido ha sido contratado para participar con su motocarro en la cabalgata, pero surge un problema que le impide centrarse en su trabajo: ese mismo día vence la primera letra del vehículo, que es su único medio de vida.




El verdúgo (1963)

Director: Luis García Berlanga

José Luis, el empleado de una funeraria, proyecta emigrar a Alemania para convertirse en un buen mecánico. Su novia es hija de Amadeo, un verdugo profesional. Cuando éste los sorprende en la intimidad, los obliga a casarse. Ante la acuciante falta de medios económicos de los recién casados, Amadeo, que está a punto de jubilarse, trata de persuadir a José Luis para que solicite la plaza que él va a dejar vacante, lo que le daría derecho a una vivienda. José Luis acaba aceptando la propuesta de su suegro con el convencimiento de que jamás se presentará la ocasión de ejercer tan ignominioso oficio.



El crimen de Cuenca (1971)

Directora: Pilar Miró

En 1913, Gregorio Valero Contreras y León Sánchez Gascón, amigos y vecinos de Osa de La Vega (Cuenca) son detenidos como autores de la muerte de José María Grimaldos López, pastor de oficio y compañero de los anteriores. El pueblo les acusa, incluso la mujer de Gregorio reúne pruebas contra ellos. Los dos hombres confiesan el crimen después de ser sometidos a torturas. Son juzgados en 1918 en la Audiencia Provincial de Cuenca que, tras modificar la petición de pena capital, los condena a dieciocho años de cárcel...






La cabina (1972)

Director: Antonio Mercero

Producción realizada para la televisión que narra la progresiva angustia de un hombre (López Vázquez) que se queda atrapado en una cabina telefónica. Lo que en principio parece un contratiempo sin trascendencia, se convierte poco a poco en una situación tan inquietante y terrorífica que provoca en el hombre una desesperación y una angustia sin límites.




El espíritu de la colmena (1973)

Director: Víctor Erice

En un pequeño pueblo de Castilla, en plena postguerra a mediados de los años cuarenta, Isabel y Ana, dos hermanas de ocho y seis años respectivamente, ven un domingo la película "El Doctor Frankenstein". A la pequeña la visión del film le causa tal impresión que no deja de hacer preguntas a su hermana mayor, que le asegura que el monstruo está vivo y se oculta cerca del pueblo.




El desencanto (1976)

Director: Jaime Chávarri

Leopoldo Panero, poeta, murió en Astorga, donde había nacido, en el año 1962. Catorce años más tarde, las personas que más íntimamente estuvieron ligadas a él, Felicidad Blanc, su viuda, y sus tres hijos, recuerdan aquel caluroso día de agosto. El recuerdo queda sometido a algo más que aquella fecha. Surgen otras vivencias. Y a través de la palabra y del recorrido por habitaciones, objetos, calles y lugares perdidos, se desvela la historia de unos años y de unas personas unidas por vínculos familiares que en ningún momento huyen de la expresión de sus diferencias y de sus identidades.




El Sur (1983)

Director: Víctor Érice

“La Gaviota” es un caserón situado en las afueras de una ciudad del norte de España. En ella viven Agustín, médico y zahorí, su mujer, maestra represaliada por el franquismo, y su hija Estrella. La niña, desde su infancia, sospecha que su padre oculta un secreto.




Los Santos inocentes (1984)

Director: Mario Camus

España franquista. Durante la década de los sesenta, una familia de campesinos vive miserablemente en un cortijo extremeño bajo la férula del terrateniente. Su vida es renuncia, sacrificio y y obediencia. Su destino está marcado, a no ser que algún acontecimiento imprevisto les permita romper sus cadenas. Adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes.



El viaje a ninguna parte (1986)

Director: Fernando Fernán Gómez

En una compañía de cómicos de la legua medio emparentados entre sí, aunque no recuerdan con precisión cuál es su parentesco, surgen amores y desamores. Hay separaciones dolorosas y encuentros felices; el trabajo se entremezcla con el amor, los problemas económicos con los familiares, y el hambre con el sueño de alcanzar el triunfo.




Amanece, que no es poco (1989)

Director: José Luis Cuerda

Teodoro, un ingeniero español que es profesor en la Universidad de Oklahoma, regresa a España para disfrutar de un año sabático. Al llegar, se entera de que su padre ha matado a su madre y, para compensarlo de la pérdida, le ha comprado una moto con sidecar para viajar juntos. Así es como llegan a un remoto pueblo de montaña que parece desierto; lo que ocurre es que todos los vecinos están en la iglesia, porque la misa es un auténtico espectáculo. Padre e hijo asisten a las elecciones que se celebran cada año para designar alcalde, cura, maestro y puta. Además, al pueblo ha llegado un grupo de estudiantes de una universidad norteamericana, unos meteorólogos belgas, un grupo de disidentes de los Coros del Ejército Ruso e incluso invasores camuflados de un pueblo cercano.




Belle Époque (1992)

Director: Fernando Trueba

Poco antes de estallar la Guerra Civil española (1936-1939), Fernando decide desertar y se refugia en una casa de campo, donde es bien acogido por Manolo, un pintor excéntrico que vive retirado debido a sus ideas políticas. El chico mantiene sucesivamente relaciones con las cuatro hijas de su protector (Rocío, Violeta, Clara y Luz), sin saber muy bien de cuál de ellas está enamorado.




El día de la bestia (1995)

Director: Alex de la Iglesia

Un sacerdote cree haber descifrado el mensaje secreto del Apocalipsis según San Juan: el Anticristo nacerá el 25 de diciembre de 1995 en Madrid. Para impedir el nacimiento del hijo de Satanás, el cura se alía con José María, un joven aficionado al death metal. Ambos intentan averiguar en qué parte de Madrid tendrá lugar el apocalíptico acontecimiento. Con la ayuda del profesor Cavan, presentador de un programa de televisión de carácter esotérico y sobrenatural, el cura y José Mari invocan al diablo en una extraña ceremonia.




Tesis (1996)

Director: Alejandro Amenábar

Ángela, estudiante de Imagen, está preparando una tesis sobre la violencia audiovisual. Como complemento a su trabajo, su director de tesis se compromete a buscar en la videoteca de la facultad material para ella, pero al día siguiente es hallado muerto. Ángela conoce a Chema, un compañero experto en cine gore y pornográfico, y a Bosco, un extraño chico, amigo íntimo de una joven asesinada en una snuff movie.




Abre los ojos (1997)

Director: Alejandro Amenábar

César, un atractivo joven que ha heredado de sus padres una gran fortuna, vive en una espléndida casa en la que organiza lujosas fiestas. Cuando una noche conoce a Sofía y se enamora de ella, Nuria, su antigua amante, se muere de celos. Al día siguiente, yendo en coche con César, intenta suicidarse. Cuando César se despierta en el hospital, descubre que su rostro ha quedado horriblemente desfigurado.








El milagro de P. Tinto (1998)

Director: Javier Fesser

En su más tierna infancia, el niño P. Tinto tiene una revelación: su propósito en la vida debe ser la procreación de una abundante descendencia. Sueña con un montón de hijos que crezcan a su alrededor sanos y fuertes. Quince años después, P. Tinto y Olivia, una mujer ciega y tacaña, forman un hogar en un aislado valle por el que sólo pasa, cada veinticinco años, el Expreso Pendular del Norte. Los P. Tinto desean tener hijos, pero pasan los años y no llegan. Cincuenta años después, dos marcianitos, a los que se les ha averiado el ovni, llegan al lugar, y los P. Tinto piensan que se trata de sus hijos. Los marcianitos deciden quedarse en la casa donde tienen la comida y el techo asegurado. Al mismo tiempo, aparece por allí Usillos, un chapuzas a domicilio que, con la excusa de arreglar unas baldosas, empieza a causar estropicios y, además, se obsesiona con la idea de cazar marcianos.





Barrio (1998)

Director: Fernando León de Aranoa

En uno de esos barrios situados al sur de las grandes ciudades, a los que no llega ni el metro ni el dinero, Javi, Manu y Rai son compañeros de instituto, pero, sobre todo, amigos. Tienen esa edad en la que ni se es hombre ni se es niño, en la que se habla mucho de chicas y muy poco con ellas. Comparten también la vida en el barrio, el calor del verano y un montón de problemas. El primero es el propio barrio, un barrio de grandes bloques de viviendas sociales, de ladrillo oscuro y arquitectura deprimente y depresiva. Allí hay pocas cosas que hacer, y en agosto aún menos. El centro de la ciudad queda lejos y las comunicaciones son malas, así que los tres amigos pasan la mayor parte del tiempo por las calles del barrio.






La lengua de las mariposas (1999)

Director: José Luis Cuerda

Situada en 1936, Don Gregorio enseñará a Moncho con dedicación y paciencia toda su sabiduría en cuanto a los conocimientos, la literatura, la naturaleza, y hasta las mujeres. Pero el trasfondo de la amenaza política subsistirá siempre, especialmente cuando Don Gregorio es atacado por ser considerado un enemigo del régimen fascista. Así se irá abriendo entre estos dos amigos una brecha, traída por la fuerza del contexto que los rodea.




La Comunidad (2000)

Director: Alex de la Iglesia

Julia (Carmen Maura), una mujer madura que trabaja en una agencia inmobiliaria, encuentra 300 millones escondidos en un piso. A continuación se traslada al apartamento de arriba y esconde el dinero, pero tiene que enfrentarse a la desquiciada comunidad de vecinos, encabezada por un administrador sin escrúpulos (Emilio Gutiérrez Caba), que hará todo lo posible para retenerla y quedarse con la fortuna.




Hable con ella (2002)

Director: Pedro Almódovar

Benigno, un enfermero, y Marco, un escritor maduro, coinciden en un espectáculo de Pina Bausch, en el Cafe Müller. En el escenario, dos mujeres con los ojos cerrados y los brazos extendidos se mueven al compás de "The Fairy Queen" de Henry Purcell. La emoción de Marco es tal que rompe a llorar. A Benigno le gustaría decirle que a él también le emociona el espectáculo, pero no se atreve. Meses más tarde, los dos hombres vuelven a encontrarse en la clínica privada "El Bosque", donde Benigno trabaja. Lydia, la novia de Marco, torera de profesión, ha sufrido una cogida y está en coma. Benigno cuida de otra mujer también en estado de coma: Alicia, una estudiante de ballet. El reencuentro entre Marco y Benigno es el comienzo de una intensa amistad. Dentro de la clínica, la vida de los cuatro personajes fluye en todas las direcciones, pasado, presente y futuro, arrastrando a los cuatro a un destino insospechado.



Los lunes al sol (2002)

Director: Fernando León de Aranoa

En una ciudad costera del norte de España, a la que el desarrollo industrial ha hecho crecer desaforadamente, un grupo de hombres recorren cada día sus empinadas calles, buscando salidas de emergencia. Son funambulistas de fin de mes, sin red y sin público, sin aplausos al final; viven en la cuerda floja del trabajo precario y sobreviven gracias a sus pequeñas alegrías y rutinas.





7:35 de la mañana (C) (2003)

Director: Nacho Vigalondo

Como cada mañana, una mujer entra en una cafetería, encontrándose ese día con que todo el mundo está en silencio y con actitud extraña, en lugar de estar hablando, como sería lo normal a esas horas del desayuno...




Te doy mis ojos (2003)

Directora: Icíar Bollaín

Una noche de invierno, Pilar sale huyendo de su casa. Lleva consigo apenas cuatro cosas y a su hijo Juan. Escapa de Antonio, un marido que la maltrata y con el que lleva 9 años casada. Antonio no tarda en ir a buscarla. Pilar es su sol, dice, y además, “le ha dado sus ojos”.






Noviembre (2003)

Director: Achero Mañas

Empujado por su espíritu todavía idealista, Alfredo decide crear "un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva". Su concepto del teatro va más allá del escenario, se traslada a la calle, cara a cara con el público esperando que éste se implique, provocándolo si es necesario. Sus actuaciones cargadas de denuncia social, sin límites ni censuras, llevan a poner en alerta a las fuerzas del orden público...




Salvador (Puig Antich) (2006)

Director: Manuel Huerga

El 2 de marzo de 1974, el joven anarquista Salvador Antich, militante del Movimiento Ibérico de Liberación, se convirtió en el último preso político ejecutado en España mediante "garrote vil". Ésta es su historia y la de los intentos desesperados de su familia, compañeros y abogados por evitar su ejecución.




Las alas de la vida (2006)

Director: Antoni P. Canet

El médico Carlos Cristos, que a sus 47 años padece una enfermedad terminal, llama a un director de cine amigo suyo y le propone que registre su lucha por vivir y morir dignamente, sin dramatismo, y "si es posible con una sonrisa", acompañándolo en el tránsito entre la vida y la muerte.



Celda 211 (2009)

Director: Daniel Monzón
El día en que Juan (Alberto Ammann) empieza a trabajar en su nuevo destino como funcionario de prisiones, se ve atrapado en un motín carcelario. Decide entonces hacerse pasar por un preso más para salvar su vida y para poner fin a la revuelta, encabezada por el temible Malamadre (Luis Tosar). Lo que ignora es que el destino le ha preparado una encerrona.


 




Qué fue de Jorge Sanz (Serie de TV) (2010)

Director: David Trueba

Tras casi dos décadas de esplendor, Jorge Sanz está atravesando un bache en su carrera. Ignorado por las jóvenes generaciones del cine español, que lo perciben como un clásico de otra época, Jorge está atravesando problemas económicos y laborales. Su nuevo representante, Amadeo, un amigo de la familia que hasta ahora ha trabajado en una fábrica de quesos, se convertirá en su mano derecha para intentar reimpulsar la carrera. En ese intento por sobrevivir, por recuperar el lugar en su oficio y ser feliz, Jorge pasará por las situaciones más inesperadas. Desde su relación con varias mujeres hasta la tensa cordialidad con su antigua pareja, que vive en Barcelona con su hijo pequeño, a los extraños proyectos que se le presentan, que van desde una serie de televisión de superhéroes muy humanos hasta una película modesta para rodar en Guatemala. Y todo intentando mantener la dignidad y la fe en su oficio.



Primos (2011)

Director: Daniel Sánchez Arévalo

A Diego (Quim Gutiérrez) lo ha dejado su novia Yolanda (Nuria Gago) cinco días antes de la boda. ¿Qué es lo más maduro y sensato que debe hacer para superarlo? 1.- Presentarse en la iglesia el día de la boda por si ella se arrepiente. 2.- Emborracharse y despotricar junto a sus primos Julián (Raúl Arévalo) y José Miguel (Adrián Lastra). 3.- Ir con sus primos a las fiestas de Comillas, el pueblo donde veraneaban de pequeños, y allí intentar recuperar a Martina (Inma Cuesta), el amor de su adolescencia.





Crematorio (Serie de TV) (2011)

Director: Jorge Sánchez-Cabezudo 

En los años 90, un constructor sin escrúpulos, que ha amasado una gran fortuna con empresas agrícolas, se dedica a hacer negocios en el litoral español. Tras la muerte de su hermano, crea un gran entramado empresarial y urbanístico que lo convierte en el hombre más poderoso de Misent, una ciudad imaginaria del Levante español.


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10. 000 km (2014)

Director: Carlos Marqués-Marcet

Alex y Sergi, una sólida pareja de Barcelona, acaricia la idea de tener un hijo, pero, inesperadamente, Alex consigue una beca de un año en Los Ángeles, lo que supondría un año de relación a 10.000 Km de distancia.




Magical Girl (2014)

Director: Carlos Vermut

Luis, profesor de literatura en paro, trata de hacer realidad el último deseo de su hija Alicia (Lucía Pollán), una niña de 12 años enferma de cáncer terminal: tener el vestido oficial de la serie japonesa de dibujos animados "Mágical Girl Yukiko". El elevado precio del vestido llevará a Luis a intentar encontrar el dinero de forma desesperada cuando conoce a Bárbara (Bárbara Lennie), una atractiva joven casada que sufre trastornos mentales, a su vez relacionada con Damián (José Sacristán), un profesor retirado con un tormentoso pasado. Los tres quedarán atrapados en una oscura red de chantajes, en la que instinto y razón entran en conflicto.

 



A esmorga ( 2014)

Director: Ignacio Vilar

Crónica tensa e intensa de 24 horas en la vida de tres compañeros de juerga que van dejando un reguero de destrucción, de sexo equívoco y reprimido, y también cerrando puertas tras tirar las llaves, como si de manera deliberada buscaran la perdición.




La isla mínima (2014)

Director: Alberto Rodríguez

España, a comienzos de los años 80. Dos policías, ideológicamente opuestos, son enviados desde Madrid a un remoto pueblo del sur, situado en las marismas del Guadalquivir, para investigar la desaparición de dos chicas adolescentes. En una comunidad anclada en el pasado, tendrán que enfrentarse no sólo a un cruel asesino, sino también a sus propios fantasmas.



Ciutat morta (2014)

Director: Xavier Artigas, Xapo Ortega

Junio de 2013, un grupo de 800 personas entran en un cine abandonado del centro de Barcelona para proyectar un documental. Una vez dentro, cambian el nombre del edificio: el antiguo Palacio del Cine se llama a partir de ahora Cine Patricia Heras. ¿Quién fue Patricia? ¿Por qué decidió quitarse la vida? Y lo más importante ¿qué tiene que ver Barcelona con su muerte? Una acción de desobediencia, con fuerte contenido simbólico y un gran impacto mediático, que busca -a través de la historia de Patricia- dar a conocer la otra cara de Barcelona, la Ciudad Muerta



El Ministerio del tiempo (Serie de TV) (2015)

Director: Javier Olivares

El Ministerio del Tiempo es una institución gubernamental, autónoma y secreta, que depende directamente de Presidencia de Gobierno. Como en los EEUU se guardan los secretos y la llave para un posible ataque nuclear, de presidente a presidente, lo mismo pasa con este ministerio español: sólo reyes, presidentes y un número muy exclusivo de personas saben de él. El paso hacia otras épocas se realiza a través de puertas vigiladas por las Patrullas del Ministerio. Su objetivo es detectar e impedir que cualquier intruso del pasado llegue a nuestro presente -o viceversa- con el fin de utilizar la Historia para su beneficio. Para ello las Patrullas tendrán que viajar al pasado y evitar que lo logren.

 




Tarde para la ira (2016)

Director: Raúl Arévalo
Madrid, agosto de 2007. Curro entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería. Era el conductor, y el único detenido por el robo. Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y a un desconocido, José.


 
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lunes, 17 de octubre de 2016

El día de las escritoras: propósito de enmienda


"El Día de las Escritoras es una conmemoración iniciada en España para recuperar el legado de las mujeres escritoras, hacer visible el trabajo de las mujeres en la literatura y combatir la discriminación que han sufrido a lo largo de la historia. La celebración, de carácter anual, se convoca el lunes siguiente a la fecha del 15 de octubre, festividad de Teresa de Jesús. En 2016 se celebra el 17 de octubre" (Wikipedia).

Nunca había oído hablar de este día hasta hoy y confieso que la primera vez que he leído sobre su existencia me ha parecido "innecesario". De primeras he pensado que da igual ser hombre o mujer si el libro es bueno. De segundas, me he parado a pensar en libros de escritoras que había leído últimamente y sólo me ha salido un nombre: Agatha Christie. He tenido que remontarme a mi infancia o adolescencia para recordar a más escritoras que me hayan gustado: Gloria Fuertes, J. K Rowling y su Harry Potter, Elvira Lindo y su Manolito Gafotas, Enid Blyton con Los Cinco o Matlide Asensi...

De repente me he dado cuenta de que yo, subconscientemente, también aportaba mi granito de arena a la discriminación de las escritoras y sinceramente no tengo razón aparente. ¿Sus libros son peores? Ni idea, no los leo. ¿Sólo me interesan los temas que escriben los hombres? Qué tontería.

Venía yo barruntando esto durante la tarde y al final he decidido decirlo en voz alta. ¿Para qué? Para que me dé vergüenza y poder enmendarlo. He pedido recomendaciones por Twitter y me ha salido esta lista:

- Carmen Martín Gaite.

- 'Naturaleza infiel', de Cristina Grande:

- 'Viaje de invierno', de Amélie Nothomb.

- 'Nada', de Carmen Laforet.

- "La conquista del aire", de Belén Gopegui.

- "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes

- "Dispara, yo ya estoy muerto", por Julia Navarro,

- "La voz dormida" por Dulce Chacón,

- "Orgullo y prejuicio" por Jane Austen,

- La poesía de Emily Dickinson.

- Los cuentos de Munro.

- Cualquiera de Joyce Carol Oates

- Cualquiera de Naomi Klein.

- Cualquiera de Natalia Ginzburg.

- Cualquiera de Ursula K. Le Guin.

- "Matar a un ruiseñor" de Harper Lee.

- "El Baile", Irene Nemirovski,

- 'Mrs Dalloway', de Virginia Woolf.

- Cualquiera de Patricia Highsmith

- "Manuel para mujeres de la limpieza" de Lucía Berlín: .

- "También esto pasará", de Milena Busquets: .

- "Nadie es más de aquí que tú" de Miranda July

- "El lector de Julio Verne" de Almudena Grandes.



- "Piscinas Vacías", de Laura Ferrero.

- "Cómo se hace una chica" de Caitlin Moran

- "El año del pensamiento mágico" de Joan Didion

- Shirley Jackson.

- "White Teeth", de Zadie Smith

- "El hombre del balcón" de M.Sjöwall

- "Tantos días felices" de Laurie Colwin.

- "Nobles y rebeldes" de Jessica Mitford.

- Dorothy Parker.

- "Americanah" por Chimamanda Ngozi Adichie

- "Daniela Astor y la caja negra" de Marta Sanz

- "El jilguero" de Donna Tartt.

- Anne Leckie

- Lauren Beukes

- "Cuaderno de la criada" de Margaret Atwood.

- "Tan poca vida" de Hanya Yanagihara.

- La cuatrilogía de la buena Amiga de Elena Ferrante.

- "Oveja mansa" de Connie Willis.

- Cualquiera de Anna Gavalda.

- "Tenemos que hablar de Kevin", de Lionel Shriver.

- "El silencio es un pez de colores", de Annabel Pitcher.

- La mirada de los Mahuad, de Berta Vias Mahoud.

- Sophie Hannah.

- Donna León.

- Dolores Redondo

- Donna Tartt

- Lydia Davis

- Alejandra Pizarnik

- El vértigo, de Evgenia Ginzburg.

- Literatura infantil: Anke de Vries

- Klaus y Lukas, de Agota Kristof.

- Voces de Chernóbil, de Svetlana Aleksiévich

- ‘Cumbres Borrascosas’ de Emily Brontë.

"Tierra desacostumbrada" de Jhumpa Lahiri

- "La balada del café triste" de Carson McCullers

- Lara Moreno

- Marta Caparrós

- Cristina Fallarás.

- "El eco de los disparos" de Edurne Portela.

- Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar


jueves, 16 de julio de 2015

Tengo una duda razonable

Antes de empezar, debo confesar algo. Prefiero decirlo al principio del texto y evitar así equívocos. Allá va… Espero no decepcionar: este artículo no trata sobre cine. No al menos en la extensión y profundidad con la que abordan esta materia el resto de colaboradores de la web. Este artículo, en realidad, no es más que un intento de huida. Un intento de quedarme a solas y contar que noto que algo va mal desde hace mucho tiempo. ¿Lo notas también? ¿No, de verdad? Intentaré explicarlo.

De un tiempo a esta parte, noto en el ambiente demasiada crispación. Uno entra a Facebook o Twitter para desconectar o informarse y termina indignado. Uno sale a la calle para despejarse y termina discutiendo sobre los mismos temas. Es imposible no indignarse; las proclamas críticas han invadido las redes y bares en forma de eslogan. La mayoría vacías o sin sostén. A poco que pases un rato en alguna red social te salpicará alguna noticia tendenciosa o tuit descontextualizado a la cara. Si vas al bar, enseguida alguien te dirá indignado que así no podemos seguir sin explicarte por qué. De un tiempo a esta parte, todo es malo. Todo es blanco o negro. Hemos terminado convirtiendo internet y las redes sociales en eso. Hemos convertido una red fantástica para informarnos y aprender en un eterno callejón sin salida del que no podemos salir. Es nuestra culpa haber dado retuits, me gustas o meneos a personas que viven por y para ello. Ellos, muy listos y ávidos de tener más repercusión, han aprendido que ese era el camino y hemos terminado creando monstruos de 100.000 seguidores o permitiendo que webs de dudosa fiabilidad habiten nuestros muros día sí y día también. Tenemos nuestras redes sociales llenas de fakes o teorías de la conspiración y no podemos decir que no lo merezcamos. Al revés, nos da igual. Nos gusta porque nos cuentan lo que queremos escuchar.

Hace unas semanas, cansado ya de leer siempre las mismas noticias, las mismas interpretaciones tendenciosas o los mismos chistes repetidos, pregunté al aire si no había más personas que tuvieran la misma sensación que yo de vivir en un bucle. La misma sensación de dos trincheras eternas que no se escuchan. Dos bandos que embarran el camino porque no quieren encontrarse.

Como internet no es siempre negativo, me respondieron que sí, que varios tenían la misma sensación y además me aportaron algo que no conocía. Bueno, en realidad es algo que todos conocemos, pero que quizás no sepamos que tiene nombre. Estoy hablando del concepto ‘Echo chamber (media)’. Lo explicaré muy brevemente:

Cuando hablamos de ello, estamos haciendo referencia a la situación por la cual una persona se informa o sigue solo a personas afines a su ideología, huyendo o censurando a las personas y diarios que no la comparten. Esta situación provoca la extraña pero placentera sensación de llevar siempre la razón.

Voilà. Aquí está el quid de la cuestión.

Todo lo dicho se amplifica debido a la necesidad de tener que opinar sobre cualquier tema. Necesitamos tener una opinión y decirla para que las personas a las que hemos permitido estar en nuestro círculo y en nuestra mesa del bar nos den la palmadita en el hombro y asientan. Cuando estamos en confianza, no queremos discutir, queremos alimentar nuestros prejuicios y sentir que estamos en la trinchera adecuada.

Al final, termina pasando lo inevitable. Te nombran miembro de un jurado con personas hasta ahora desconocidas para ti y en base a tus prejuicios no necesitas ni dos minutos para formarte una opinión. No dudas. No necesitas pararte a pensar, solo necesitas mirar al de al lado y con un inapreciable movimiento de ojos saber que los dos pensáis igual. Un simple me gusta también basta.

“Es culpable, ha matado a su padre”.

Levantas la mano convencido de que el juicio se solventará por la vía rápida y, de repente, te sorprende ver que Henry Fonda no piensa igual que tú. Acostumbrado al eco de tu opinión, te sorprende que haya una persona entre el grupo que tiene una duda razonable. Alguien que no comparte todas las noticias falsas que pasan por delante de él solo para reafirmarse. Alguien que va más allá de tres eslóganes y necesita reflexionar antes de emitir un juicio.

Este artículo, como dije al principio, es una huida, pero también es un alegato a favor de la duda, de la prudencia. De callar cuando no se sabe de un tema e informarse. Es también sin duda una reivindicación de la película "12 hombres sin piedad" y cómo su ejemplo es aplicable para todo en la vida.

Dudar es bueno; ir a contracorriente dentro de tu círculo muchas veces también. No hay que tener miedo a una confrontación respetuosa, la mayoría de veces termina siendo beneficiosa y aumentando el nivel de la discusión. Huye por ello de los que estén llenos de certezas y no tienen ningún interés en escucharte, son los que suelen salirse en la primera curva complicada que se encuentran en su discurso. Evita también juntarte solo con personas que piensan igual que tú y di bien alto que tienes una duda razonable cuando once personas traten de imponer su criterio. Es más, si estás de acuerdo con ellos dilo todavía más fuerte y con más razón. No hay nada más aburrido y menos productivo que una discusión en la que todos repiten las mismas proclamas y enseguida se declara culpable al hijo.

Quién sabe; quizás estás en lo equivocado. Quizás solo tienes esa opinión porque llevas meses y meses alimentándote de prejuicios y leyendo lo que quieres leer.

Esto no es tarea sencilla y si no que se le cuenten a Henry Fonda. Muchas veces te tocará adoptar su postura, la de abogado del diablo. Es más, será necesario que tú adoptes esa postura cuando veas que el resto de la mesa ya tiene claro su veredicto sin necesidad de pararse a pensar. Otras veces, como todos tenemos nuestros prejuicios muy arraigados, te tocará formar parte de los que declaran culpable al acusado. En ese caso, ojalá surja algún disidente. Escucha la duda y respétala.


                      


Como avisé al principio, esto no trataba sobre cine. Aunque quisiera no sabría bien cómo analizar la obra. Si esperabas un profundo análisis de la película de Sidney Lumet siento haber decepcionado. A cambio, te animo a que la veas y sigas su ejemplo. Te aliento a que salgas del bucle en el que tanto como tú y como yo estamos inmersos y digas la frase más revolucionaria que conozco:

‘Tengo una duda razonable’

A Henry Fonda le salió bien. Consiguió un debate de hora y media muy interesante y realizó una de las mejores actuaciones de la historia del cine.



                 Texto escrito por Juanan Salmerón para la web de cine Dentro de la sala

miércoles, 3 de junio de 2015

Somos los goles que hemos vivido (XVI)

La Voz de Larra

Primavera del 2000. Se consumía la tarde con la misma rapidez con la que lo hacían aquellos cigarros que nunca llegamos a fumar, pero que observábamos absortos desde la grupa de nuestros trece primeros años. Recuerdo escuchar el rugido de Old Trafford en el bar de mis hermanos, en un pequeño pueblo de Segovia. El estruendo, sin embargo, contaba con la elegancia de lo caballeroso, y eso me asustó más que cualquier intimidación por la fuerza. El Madrid vestía de negro, algo que no puede entender quien no ha escuchado jamás la palabra 'marketing'. Pero fuera por el color de la camiseta o fuera por el escudo que le da sentido a la misma, el equipo pareció no querer intimidarse como yo lo había hecho y, al rato, ya se había adelantado con el gol más importante de la eliminatoria, obra de Salgado (me niego a decir "propia puerta"). De aquel lance sólo recuerdo pensar que no siempre la hermosura es necesaria para el triunfo, algo que años después se convertiría en una máxima. Pero dejando atrás reseñas amatorias, el 0-2 llevó la firma del maestro Raúl, que con calidad había resuelto un lance de más calidad aún protagonizado por Mc Manaman. El único inglés que no voceaba filtró una delicadeza cuya trayectoria trazó un arco maravilloso que controló el tábano de oro mientras la melena beatle de Steve se desentendía de lo ocurrido. El jefe hizo el resto. 


La eliminatoria se había terminado pero no la leyenda. No recuerdo el minuto. Tampoco el tramo del partido. Sólo sé que, en algún lugar de la segunda parte, el mariscal Redondo se midió en carrera con un central con pinta de vikingo, de esos que parecen, al contrario que Vickie, más interesados en actuar que en razonar. Entonces llegó. Con un taconazo excelso, a cámara lenta, se deshizo del nórdico con la suave benignidad del que te ha perdonado la vida condenándote a algo peor que la muerte. Lo memorable de todo aquello es que cualquiera que hubiera ejecutado una sacudida similar lo habría hecho de manera desacompasada, indignamente, con brazos y piernas al borde la fractura. Todos menos Redondo. Todo en él era elegante, y sin duda aquella jugada estaba escrita en cada uno de los movimientos que inventó frente al espejo. Después llegó la carrera. Quizá, el sprint más lento de la historia del fútbol. Poco importa, si hubiera avanzado caminando tampoco lo hubieran alcanzado. Sólo quedaba escribir el nombre de Raúl como actor secundario. 


Más lejos del 0-3, sólo recuerdo ver a aquel 7 que tanto me había fascinado en la ida destruir la red de Casillas. Para cuando me enteré de que se llamaba Beckham, ya habían inventado el Youtube y acabado con el romanticismo. El Madrid le había prendido fuego al teatro, en la primera exhibición real de poderío que yo pude ver en Europa (no me lo pareció la Séptima, a pesar de todo). Pero, sobre todo, fue mi primer contacto con lo sobrehumano, pues no se me ocurre otro adjetivo para calificar aquella proeza de Redondo. Meses después vendría la Octava, pero contarlo ya es tarea de otro capítulo.





Nacho Carretero


El problema de ganar al Madrid es que tu equipo no gana: pierde el Madrid. La ecuación causa-efecto se invierte, como aquel paisano de Corcubión (perla de la Costa da Morte) que salía de casa, se quedaba mirando los molinos eólicos del monte de enfrente y decía enfadado: «Joder, cada vez que encienden esos chismes pega un viento de carallo».

Al Madrid en Madrid le ganamos pocas, poquísimas veces. Pero las elegimos. La recordada, la épica, fue la del centenariazo, claro. «Fue solo una Copa del Rey, nos da igual», me dicen mis amigos madridistas. Y yo no niego que les dé igual, pero que no me lo digan. Déjame rebozarme en mi épica, coño. Y mi épica es la épica blanquiazul, la que llevó a veinticinco mil deportivistas al Bernabéu un día entre semana de invierno a jugar de visitantes una final. Allí estaba yo, claro, el único de entre mis amigos convencido absurdamente de la victoria. El resto, pesimistas, sin ver solución a una derrota segura, como cuando a Fraga le preguntaron qué harían si el Prestige se negaba a alejarse de la costa y respondió, conciso, «se le pega un cañonazo y punto».

Mi recuerdo del primer gol del partido, autoría del deportivista Sergio González, actual entrenador del Espanyol, es borroso. Esta vez no por los años y sí por el alcohol que veinticinco mil bárbaros llegados del norte habíamos trasegado en aquel marzo madrileño que nos hizo ocupar el fondo norte del Bernabéu dos horas antes de que comenzara el partido. A pesar de la nebulosa todavía puedo ver la pelota avanzando despacio hacia la línea de gol ya superado el portero (César) y todos detrás de la portería agarrados unos a otros, de pie al estilo vieja grada de cemento (que vuelvan ya) y con los ojos desencajados porque, qué cojones, quién iba a pensar que les íbamos a meter un gol en su final. Perdí una zapatilla en aquella celebración en la que juro vi volar cuerpos por encima de mi espalda mientras la buscaba. Después vino otro gol, de Tristán, el de la incredulidad, y finalmente el pitido final no sin sufrimiento por el tanto de Raúl que cerró en 2-1 el partido.

De entre los cánticos, fuegos de artificio y lágrimas de alegría, me recuerdo a mí mismo sentado en mi asiento por primera vez en noventa minutos regocijándome en mi alegría incapaz de ponerme de nuevo en pie de puro cansancio.











Andrés Martín Rublev

Éramos cuatro amigos en un piso en el paseo marítimo de Torre del Mar. Fuimos allí a pasar la Semana Santa del año 2011, entre brisa, arena y playa. Por cambiar un poco las vistas y los olores de esa época en Granada. Cuando quisimos darnos cuenta, estábamos encerrados con las persianas bajadas en el piso rodeados de cerveza, ron, absenta y una Final de Copa se distinguía a lo lejos. Todo parecía una secuencia de El Ángel Exterminador de Buñuel. Aquello fue muy grande. Menos mal que hay testigos de lo que allí ocurrió, de lo contrario nadie nos creería. 

Mourinho saludaba a Guardiola y nosotros hacíamos lo propio con Cervantes; cerveza mezclada con ron almirante, una bebida creada en aquel piso tétrico cuando los refrescos optaron por la inteligente idea de abandonarnos. En todo este ecosistema nos enmarcábamos tres madridistas y un culé. El partido se desarrollaba mientras nosotros nos mirábamos pensando en que tal vez conocer a Cervantes no había sido la mejor idea de aquella semana. Y mira que la semana no estuvo plagada de grandes ideas, comprar absenta tampoco lo fue. En aquel partido estaba Pepe en el mediocampo, con una hiperactividad que parecía que la absenta la llevaba él en el cuerpo. Qué años aquellos. Ser madridista entonces era un poco como encerrarte en un piso con las persianas bajadas rodeado de amigos utilizando todos los recursos disponibles para que la fiesta no decayera. Los años que vivimos peligrosamente. 

103’ gol de Cristiano, el que no marcaba en partidos grandes. Siempre me pregunto cómo en aquella situación y ante semejante explosión de locura, Javi y yo tuvimos la lucidez de coger la cámara y hacernos una foto celebrando aquello. Llamadas desde Granada, emoción, lágrimas, palabras indescifrables, frases sin sentido, gol, gol y gol pero “niño no bebas más”. El año del 5-0, de la manita, de la moral comida durante años. El gol que marcaba un punto de inflexión. El gol que nos hizo más madridistas. El gol que más he celebrado en toda mi vida. El gol del día en el que conocí a Cervantes. 





El gol que más recuerdo es un gol que no vi, un gol que no escuché y que tampoco sabría decir quién marcó. Era el domingo de la última jornada de liga, el calor abrasaba la chapa metálica del Ford Orion familiar mientras mi familia se preparaba para acometer el viaje de vuelta de la playa donde habíamos pasado el fin de semana. Mi padre me anunció a mí que el Madrid ganaba 0 a 2 y que íbamos a ganar la liga. Se refería obviamente a nosotros, y no a ellos, porque tanto él como mis tres hermanos, con los que debía embutirme en los asientos traseros del coche estaban (y están) afiliados al eterno rival: al Barça. Mi padre puso el Carrusel Deportivo de la SER y arrancó el motor dispuesto a saldar el puñado de kilómetros que separaban Benidorm de mi pueblo. Aquella liga, la primera de cuantas iba a recordar, estaba muy cerca. 

Desde entonces, ese tramo de carretera nacional que serpentea la costa alicantina ha quedado grabado en mi cabeza como el origen de una afición futbolística sincera. A cada curva del trayecto, el partido se complicaba más. El Tenerife, para disfrute de mis compañeros de viaje, había marcado el primer gol al poco de arrancar el coche y el margen de error sobre la victoria se estrechaba. Mi padre, con ese habitual pesimismo culé, me tranquilizaba desde al asiento de conductor: "no te sulfures que esta Liga la ganáis vosotros". Durante mucho tiempo así parecía. El Orión, matricula Alicante 8158 AL, engullía la distancia y de alguna manera yo sentía que no sólo nos llevaba a casa, sino que también nos acercaba al título. 

Ya estábamos en el pueblo, en la puerta del garaje, cuando el pitido de la radio sonó como la alarma que anuncia un bombardeo inminente en la ciudad. No me dio tiempo a ponerme a cubierto: 2 a 2, el Tenerife le daba la vuelta al partido y mi familia no disimulaba su sonrisa. La sangre que me hervía entonces es la misma que me hirvió en el 2 a 6, en las eliminatorias contra el Lyon o los trivotes de Mourinho. Entramos en el garaje y la señal de radio se perdió como se pierden las cajas negras en los naufragios. No recuerdo demasiado salvo la súbita sensación de angustia pues ya entonces empecé a desarrollar la manía en la que siento que si yo no veo el partido el resultado final será otro, por lo general más decepcionante; como si yo, por el mero hecho de presenciarlo o escucharlo en directo, pudiera influir sobre las piernas de los futbolistas o el acierto del delantero centro.

Subimos en el ascensor alterados por la incertidumbre y el trayecto del sótano al tercer piso se me hizo tan eterno como una prórroga en una final. Abrimos la puerta y encendimos la radio. No oímos ningún gol, pero se escuchaba alto y claro el himno del Barça, señal inequívoca que el Tenerife había marcado el tercero y que Canaletes había adelantado en la última curva a la Cibeles. Aquel gol de Pier Luigi Cherubino que no vi y que no sabría decir cómo fue es el que más se me ha grabado en la memoria, tal vez porque en el Madrid las victorias a menudo solo generan alivio y son las derrotas las que dejan una verdadera huella. Sea como fuere aquel fue mi primer gol, el gol que celebró el resto de mi familia y puso a prueba de una forma más caníbal mi adhesión a unos colores. Sin embargo, no solo no los venció, sino que aquel balón que nos arrebató la liga fue el que puso los cimentos de mi madridismo, mal que le pese a mis hermanos.




Albert Morén


El gol que soy, en realidad, no lo viví. No hasta varios años más tarde. Se trata, además, del más importante en la historia del club por el que lato. Un tremebundo lanzamiento de falta en la prórroga de la final de la Copa de Europa de 1992. El gol de Koeman. El de Wembley. Un obús que arrasó con la barrera de la Sampdoria como si hubiese sido una pared de porexpan, y terminó en la esquina inferior derecha del libro de recuerdos de quien lo presenció. Stoichkov prendió la mecha, Jose Mari Bakero enfocó y el 4 holandés, que para la ocasión vestía de naranja, convirtió el 20 de mayo de 1992 en el día más feliz del F.C.Barcelona. Aquel minuto 111, la emocionante narración del maestro Puyal, el pie de Cruyff trastabillándose en la valla que separaba el césped de los banquillos, el codazo de Nando a Juan Carlos en la celebración, el abrazo de Michael Laudrup, el puño en alto de Guardiola y su noche sin dormir. La mirada vidriosa de quien había sufrido en épocas mucho más difíciles, la exultante alegría de los claxons y esa complicidad única que se da entre dos desconocidos cuando se descubren celebrando por lo mismo.

No viví nada de aquello. Me lo perdí todo. Y a decir verdad, entonces no me pesó en absoluto. En el 92 no tenía edad para entender demasiado, pero no habría sido el único niño de seis años fabricándose sus primeros recuerdos como culé. Claro que ellos soñaban en el recreo con ser Hristo,
Amor o Laudrup, y yo, en cambio, fui un aficionado al fútbol tardío. Un par de años más tarde, cruzando por delante del televisor escuché al comentarista decir que el Paris Saint Germain había eliminado al Barça, y entonces sí sentí pesar, pero para aquella final de Wembley yo era el más feliz del mundo jugando con mis muñecos, ajeno en un barco pirata a lo que estaba sucediendo en las calles de mi ciudad. Finalizado el partido, mi padre salió, bocina en mano, a celebrar la Copa de Europa, mientras mi contramaestre ordenaría lanzar por la borda a algún polizón. Pero esto se trata de goles que te marcaron la vida y aquel, sin duda, hizo hoyo en la mía. Porque tan pronto como fui consciente del extravío, ahora sí como empedernido futbolero, me invadió una ansia de reparación que todavía sigue, y con la que emprendí un viaje hacia el pasado que transcurre, en circuito cerrado, entre aquellos años en los que empezó todo. Y de vez en cuando regreso a aquella final y a aquel gol, a mi manera, porque no tengo otra.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Parejas, géneros cinematográficos y viceversa

Hace ya unos meses leí un artículo en esta misma web que me llamó mucho la atención. Se trata de ‘El cine y las mujeres’. Y el motivo de mi interés creo que es evidente: mezclaba dos de las cosas que más tiempo han ocupado mi cabeza desde que tengo uso de razón. Me pareció interesante esa analogía y, por qué no decirlo, me dio un poco de envidia que no se me hubiese ocurrido a mí. Así que, llegados a este punto, he decidido tomarme la licencia de volver a mezclar el cine con las mujeres. Géneros cinematográficos con determinados tipos de parejas. O algo así. Allá va.

En primer lugar, nos encontramos ‘las parejas blockbuster’. Todos conocemos alguna así, cómo no conocerlas. Aunque no quieras, los tienes hasta en la sopa. Vas andando por la calle y te encuentras un cartel bien grande de ellos besándose. Entras a las redes sociales y ahí están también. Tapando al resto. Son los que más se quieren, los que viajan a los mejores sitios y se echan la foto para que te enteres. Cada anuncio es para decir que no encontrarás un amor mejor que el suyo. Aunque de todos es sabido, que muchas veces este tipo de cine suele ser de cartón piedra y tras el boom inicial hay poco sustento al que agarrarse. Con toda seguridad, esta historia dejará poco poso en tu memoria. Enseguida aparecerá otra vez ‘la mejor película del siglo’ y te hará olvidar lo que viviste.

Suele pasar, que justo al lado de este tipo de cine, aparecen otras personas más tímidas. Están justo en la sala de al lado, no necesitan publicitarse para saber a ciencia cierta que es de calidad. Se trata de la chica que luce más en pijama y el pelo recogido que con tacones en la sala más grande de tu ciudad. Hablo de la película que encuentras un día por casualidad en la biblioteca en un montón apilado y decides robar para verla todos los días de tu vida.

Otro tipo de pareja, yo la calificaría como la pareja de sobremesa de Antena 3. ¿De qué trata la película? No lo sé bien, solo sé que es muy parecida a la que ya viste la semana pasada y que es calcada a la que verás el fin de semana que viene en esta misma cadena. ¿Por qué continuas en esta relación o viendo esta película? Tampoco lo sabes a ciencia cierta, quizás sea miedo a salir de la rutina, miedo a estar solo o miedo a tener la tele apagada. No lo tienes claro y, mientras, dejas pasar el tiempo. Quizás la semana que viene tu pareja decida hacer algo distinto y salir de la monotonía.

Hablando de tiempo, también encontramos dos posibilidades respecto a este tema. Todos conocemos historias que empiezan bien y terminan mal. Son esas películas que tienen todos los ingredientes para ser una relación buena y solo sobra un detalle: se alargan tanto en el tiempo que terminan jodiendo el final. Crees que si todo va bien durante dos horas o dos años, por qué no iba a ir bien durante tres. Qué equivocado estás. Justo es esa hora o año la que te hará mirar el reloj diez veces y desear que termine.

Al revés también pasa, claro. Hay películas buenísimas que te dejan con ganas de más. ¿Por qué no querría repetir conmigo? ¿Por qué decidió marcharse y no vivir nuestra propia trilogía con extras incluidos?

En otros casos, das con películas y personas bastante graciosas. Tienen el don de hacer reír y eso es importante. Está bien, está genial, pero por lástima de todo se cansa uno y tras las tres risas apetece algo distinto. Deseas debatir sobre temas un poco más serios y ves que con esta persona eso no es posible. Exactamente lo mismo que pasa con los efectos especiales y con las noches de fuegos artificiales. Está genial, pero uno siempre termina viendo cien veces la película que le aporta algo más que tres risas o dos noches de sexo con efectos especiales.

Sin pasarse, claro. En el lado opuesto encontramos a esa persona que es como un documental iraní. Siempre solemne, siempre pontificando. Lo cierto es que es un lujo encontrar a una persona interesante con quien debatir sobre geopolítica o la vegetación característica de 
Canadá, pero espabila, sonríe un poco. La otra persona también quiere alguna broma y sobre todo noches de las que acaban con explosiones y guerras en la cama.

Por último, terminaré como he empezado, haciendo alusión a otro artículo de esta web. Hace poco leí una lista de películas que pueden gustar aunque no termines de entenderlas y pensé: mira, justo como me pasa a mí con las mujeres. Seguro que no soy el único al que le pasa. A veces nos acercamos a ciertas personas sin saber bien por qué, solo sabemos que nos atraen. Nos da igual no entender ciertos comportamientos, nos da igual que no nos enseñe demasiado o que de vez en cuando sea un poco monótona, solo sabemos que queremos seguir viendo la película para ver cómo termina.


Espero haber estado a la altura del anterior artículo. Y parafraseando a Groucho Marx, estas son mis analogías sobre parejas y géneros cinematográfico. Si no te gustan seguramente pueda inventarme otras.
                








                             Texto escrito por Juanan Salmerón para la web de cine Dentro de la Sala