jueves, 28 de junio de 2012

Mi cofre.

Cuando eres pequeño no tienes preocupaciones, tus problemas son problemas menores. Por ejemplo,  te preocupa levantarte a tiempo para ver la serie de los sábados, difícil tarea ya que todavía no manejas bien el despertador. Otra preocupación normal es que tu madre te deje en el supermercado con el carro lleno y la cola avanzando. O qué te dirá tu madre cuando te vea el pantalón roto por las rodillas (benditos parches).

La infancia es un tesoro, sin duda, es en estos momentos en los que van moldeando tu yo del presente; aprendes a respetar, aprendes a compartir, aprendes a imaginar (valores que por lástima están en declive, incluso entre los más pequeños).

Es, para mí, la imaginación, el principal valor de un niño. Uno se perdía en ella y sólo salía para comer, cenar y dormir, e incluso durante esos ratos no se paraba de jugar. Todo el mundo ha soñado con ser Iniesta en la final del Mundial , con ser Sabina llenando las Ventas o ese príncipe asusta dragones.


De pequeño,además, todo te sorprende, todo te llega, lo vives por primera vez y parece que el tiempo pasa mucho más despacio. Como si la primera lección que te da la vida es la que tuviésemos que comprender y el resto sólo sean repeticiones.

En cambio, mientras uno va creciendo, crecen con él sus preocupaciones. Ni tenemos tiempo para jugar, ni nos dejan imaginar. Nos conformamos y sobrevivimos. El tiempo además parece acelerarse. Para qué detenerse si ya viviste lo mismo en otro momento anterior.

Por ello, quien guarda en la memoria su infancia, tiene un tesoro, un recuerdo y huella imborrable: su recuerdo. La infancia es un tesoro, y como todos sabemos, los tesoros se guardan en un cofre. Yo tengo mi particular cofre y cada cierto tiempo lo abro. Mi infancia ya no puedo tocarla, ni siquiera toco el contenido del cofre, sólo me dedico a abrirlo y mirar lo que un día decidí conservar. El niño que un día fui ayuda a mi yo del presente, ese yo aburrido que va dejándose por el camino la esencia que un día tuve .

Los años que pasan ya no regresan, por eso conservo el cofre. 



                                              

                                                                                                           Juanan Salmeron

2 comentarios:

  1. FAV a la sonrisa que me ha brotado cuando he visto lo que llevaba el cofre dentro. Y FAV a tu blog. Te leeré a menudo :).

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  2. Me ha recordado a la parte de la boa y el elefante de El Principito, cuando los adultos son incapaces de echarle imaginación a la cosa y no ven más que un sombrero

    Inevitable crecer y perder sueños por el camino, mientras vayan naciendo otros no problem!! ;)

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