martes, 17 de julio de 2012

Abrígate

  Nunca he sabido ir bien abrigada. A pesar de los numerosos "abrígate que te constipas" de mi abuela. Será porque pienso que no será la cosa para tanto y me confío. Ingenua de mí. Últimamente hacía un frío de cojones.

  De pronto, sin esperarlo, te sientes como si estuvieses en bolas en mitad de un puto vendaval, y se te pone cara de gilipollas, mientras los que miran la triste escena, cuchichean en grupito. Eso por no llevar buen abrigo. Y menos mal que lo veía venir, entonces te miro con mala cara. Tú mueves la cabeza, dejando caer que no serás nunca más mi (raido) abrigo.

  Y justo cuando parece que no puede hacer más frío, que no eres capaz de cubrir el agujero de tu ego ni con kilos de cemento ( y no mencionemos el agujero de tu corazón), llega alguien con un gran abrigo, te lo echa por los hombros y te dice al oído que las personas no necesitan más abrigo que el suyo propio.


                                                                                                                Isa Santos Piñera

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