lunes, 16 de julio de 2012

La vida es una mierda.



 Estábamos un amigo y yo arreglando el mundo. Lo normal después de habérnoslo comido. Regresábamos de fiesta. Una más. Una menos. Atravesando el parque, entre árboles y con algo de barro en los pies. El mismo camino de todas las semanas. Lo habíamos hecho tantas veces nos lo sabíamos de memoria. Ni el alcohol hubiera conseguido que nos perdiésemos de vuelta a casa.

– La vida es una mierda –me dice.
– ¿Por?
– Tío, soy alto, mido 1,90, rubio, ojos azules, no soy feo y no estoy gordo. Y no pillo.

   Silencio. Me quedé mirándolo desde mi 1,75, pelo y ojos oscuros y cara de Alfalfa  La verdad es que la descripción no era desacertada. Y además, le faltó decir, era buen tío. Pero supongo que eso hubiera supuesto sobrepasar los límites de la humildad. Y quizá era eso lo que le fallaba: era un buen tío. Demasiado bueno. Ya se sabe: ellas los prefieren mayores e hijos de puta.

Seguimos andando, sin decirnos nada. Joder, eran las 4 de la mañana y mi colega había dicho una verdad como un templo. O por lo menos su verdad. ¿Que qué hice? Pues lo que haría cualquiera en mi situación.

– Las tías son todas unas putas –dije.
– Ya.

Seguí andando, con la cabeza agachada, intentando pisar mi propia sombra, prueba de que la estupidez humana no mezcla bien con los cubatas.

De eso hace ya más de un lustro. Yo sigo aquí. Que sigo más o menos igual, digo. Pero esa frase no me olvidará jamás:

"La vida es una mierda".

Pues sí. Si nunca pudiste tenerla entre tus brazos, te jodes; si vas a tener que pagar más por tus medicinas y dentro de poco por ir al médico, te jodes; si estudiar te va a salir por un ojo de la cara y te va a seguir sirviendo de poco, te jodes; si estás harto de que la gente crea que una mirada, un abrazo o un beso pueden sustituirse por un emoticono del WhatsApp, te jodes; si para comprar un libro o ir al cine vas a tener que pedir un préstamo (esa es otra…) te jodes. Y si no puedes olvidarla, te jodes. Nos jodemos.

Sí, la vida es una mierda. Y está llena de hijos de puta. Pero como bien dice José Larraza, en mi tele, a los hijos de puta los elijo yo.

Perdí el contacto con mi amigo y tardé en volver a verlo. Cuando lo hice, hace un par de años, lo vi feliz: tenía novia. Tuvo que irse a una capital de Europa del Este para conocerla. Ella es de Valladolid. Él, de Albacete. Bendito Erasmus.


                                                                                                                          Darío Ojeda


1 comentario:

  1. Yo creo que la vida es una mierda maravillosa. A veces tiene más de mierda, a veces más de maravillosa.

    Muy bueno!

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