martes, 24 de julio de 2012

Mariposas y tigres.


  Lo de las mariposas es un asunto ya trillado, hay abundante documentación al respecto -no hay más que hacer una rápida búsqueda en google-, pero de lo otro no habla nadie. Quizás sea por pudor, quizás por la falsa ilusión de que si no nombras algo deja de existir.

  Claro que yo también he sentido las mariposas, no voy a mentir. Lo llamamos mariposas porque nos resulta muy poético, pero bien podrían ser arañas, moscas o cucarachas. Pero claro, pensar en cucarachas paseándose por el estómago no es algo demasiado agradable. Dejémoslo, pues, en gráciles mariposas.

  Ahí estaban ellas en aquellos primeros flirteos, cuando coqueteabamos como adolescentes (pero hacía ya mucho que no lo éramos) haciendo caso omiso al precipicio que se intuía al otro lado; ahí estaban cuando nuestras manos se rozaron accidentalmente (¿accidentalmente?) a la altura de la quinta cerveza. Mariposas en el primer beso que te di (¿me diste?), mariposas dando un golpe de estado y poniéndose al mando del estómago insumiso. Sólo cabía rendirse y dejarse llevar.

  Pero, como digo, esto ya lo han contado muchos antes y mejor. Sobre lo otro, sin embargo, no hay más que silencio. Porque las mariposas pronto desaparecieron y el cuerpo volvió a obedecer, y quedó una rutina agradable que con el tiempo se fue volviendo plana y viscosa. Y todo estaba bien pero. Y éramos felices pero. Y te quiero pero. Y yo también pero. Siempre el pero, siempre el precipicio ahí, donde al principio se adivinaba, cada vez más palpable. Siempre la fecha de caducidad aunque tampoco fuera fecha de caducidad. Hasta aquella noche.

  
  
  Después de aquella noche tú ya no estabas y las mariposas no volvieron. En su lugar, un tigre daba dentelladas donde un día hubo aleteos. Una opresión en la boca del estómago. Náuseas, dolor abdominal, flatulencia, diarrea, algo moviéndose ahí dentro. Colon irritable, dice mi médico. Qué cojones sabrá él del amor.


                                                                                                                          Javi Martín

2 comentarios:

  1. Habrá que volver a tragarse las mariposas, para calmar al tigre...

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  2. Hombre, si lo ves bien más que un tigre sería un gusano.Sería la metamorfosis que realiza nuestro cuerpo después del desamor o rutina,etc(llamalo x, pues es siempre una incógnita)terminando en un misero gusano,jaja. También podemos pensar como hicieron nuestros mayores( no todos) que sabían alimentar, cuidar y fabricar una buena brisa para que esa mariposa durase más tiempo siendo mariposa. Pero actualmente, como si de un símil en el cambio climático que vivimos, esto es más difícil que duren las mariposas pues el clima(pensamiento de vivir y no dejar de perderse nada y quererlo todo) no favorece,jaja.

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