martes, 24 de julio de 2012

Miradas


  Era su angustiosa mirada de diosa la que me confundió, cuando me dio su resplandor
azul con todo su amor. Las miradas matan, dijeron. A mí las miradas me resucitan,
aunque solo sea por un momento, eterno. No he terminado de olvidar todos los
destellos que desprendían esos dos putos puntos obsesos. Hoy no escucho sus
carmines, solo saboreo gustosamente sus pupilas gustativas, tan azules y tan astrales.
A veces pienso que solo soy el reflejo de una sombra azul de tu mirada, me encuentro
entonces en un mundo de recuerdos, con otras tantas tontas mujeres que me
enseñaron cómo no hay que tratar bien a una mujer. Solo en ese momento, en el que
me cruzo con sus miradas, no me encuentro solo. Es justamente en ese instante en el
que el injusto tiempo se detiene para mí y me encuentro con todos los amores y sus
delicadas y jodidas miradas, estoy extremadamente acompañado de profesionales que
tuve y no retuve. Entonces voy a morir con los recuerdos, pero luego la vuelvo a mirar,
y vivo, y devuelvo el verso infinito que es una mirada ilícita. Esta precaria angustia es
en la que vivo y me ciega cada vez que me mira una confusa odiosa, mujer.

                                                                                                         Pablo González

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