domingo, 22 de julio de 2012

Palabras

Desde el silencio de mi casa en esta madrugada de verano
sin moverme siquiera del patio donde escribo, se suceden las palabras
que necesito escribir, que quiero que leas.
Y aparecen tus ojos con fuerza en cualquier parte,
tus ojos, que son de verdad y abandonaron ya las fotografías.
Palabras para devolverte tus palabras
que llegaban hasta mí atravesando días y noches,
cielos y mares, fronteras y explicaciones.
Que me descubrían tu universo remotísimo,
tus quehaceres, tu forma apropiada de invocarme,
tu tímida conversación que hice mía, nuestra.
Si estás atenta y miras y las esperas
sucederá la hermosura de las postales,
la entelequia de este idiota con pseudónimo.
Unas pocas palabras que te digan,
que te sepan decir lo que está surgiendo,
lo que mis ojos ven, lo que pienso y tal vez sueñe.
Mi verdad de esta noche. Y nada más.
Nada más ansía mi corazón vencido,
nada más necesitan mis dedos.
Palabras que te ruboricen para siempre,
que te quiten el hipo.
Revelarte mi ínclito secreto:
Que conozco tu belleza y sé dónde ir a buscarla,
que pongo en tus manos la mediocridad de mis noches.
Que en el viaje de ida hacia tu vida
entre playas, bares y juegos de palabras,
busco quizá una tarde sempiterna,
una fuga y un nosotros,
un rato más, al fin.
Escucha mis manos mientras toco tu mirada.
Atrévete; confía y no tengas miedo.
Soy el destino que asoma en la madrugada.
Para que estas palabras que esta noche escribo
pensando en ti, para que tú las leas,
te visiten a diario, te acompañen,
y atesten tu espíritu de un dulcísimo y salvaje escalofrío.

No puede ser de otra manera:
El corazón argumenta más rápido que la conciencia.
Estoy aquí y es ahora. Ven conmigo.
Tengo vértigo y no me importa.










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