lunes, 16 de julio de 2012

Putoamismo


  En el fútbol (y también en la vida) hay varias clases de personas. Están los pufos, los normales y los cracks. Mario Balotelli pertenece a otra tipología. No es un pufo, no es un crack y desde luego que no es normal. En mi cuenta de twitter me referí durante la Eurocopa a Mario Balotelli como representante de una nueva corriente filosófica: el Putoamismo. Decía poco después Manuel Jabois en el mismo formato que Balloteli no es tan bueno para estar tan loco . Esa es, amigos, la esencia del Putoamismo.

  Cuando quedas con algún amigo a tomar alguna caña, bien sea viendo para ver partido o por diversión (ver un partido de un equipo del que eres aficionado solo se convierte en diversión si tu conjunto aplasta al rival. De lo contrario, es siempre sufrimiento), cuando vas a estudiar a la biblioteca, en tu trabajo o cuando paseas con la familia por el centro de tu ciudad, verás a muchos aprendices de Balotelli en la senda del Putoamismo. No tienen que ser necesariamente unos canis de camiseta apretada, no tienen por qué ir con la tía más buena en un kilómetro a la redonda (aunque suele ser una buena señal para reconocerlos) y ni siquiera tienen por qué ser los líderes de la manada. Putoamismo puede ser un hijo de papá con un BMW a estrenar como premio por aprobar el carné de conducir aunque le hayan quedado otra vez todas en cuarto de la ESO. Putoamismo puede ser el enchufado al que contratan nada más salir de la carrera, sin saber hacer la O con un canuto, mientras tú te estás matando en las prácticas para que luego te den la patada. Putoamismo es también atracar un banco desde dentro y llevarte varios millones de euros de jubilaciones anticipadas. Putoamismo es tener la cara más dura que una piedra, que te resbale absolutamente todo y que todo lo que hagas vaya en tu exclusivo beneficio, perjudique a los demás o no.


  En la vida, puedes pensar que un seguidor del Putoamismo es tan molón como en el terreno de juego. Pero no. En la vida, el Putoamismo es sinónimo de gilipollas. A veces hasta tú mismo querrías ser un Puto Amo, pero no tienes estómago para ser tan idiota. Vas siempre de cara, actuando de buena fe. Así es como te enseñaron tus padres (o creíste aprenderlo) y así es como te sientes cómodo. Y esta no suele ser la manera en la que, a los 24 años, eres un triunfador.

  En el campo Balotelli te hace gracia. Piensas “Cómo mola”. Cuando ves sus fotos de fiesta, con chicas con las que jamás soñarías coincidir en un ascensor, tal vez te cambiarías por él. Pero rápidamente te das cuenta. Él no es tan bueno para estar tan loco. No es tan bueno como para hacer lo que quiera. Balotelli y toda su recua de seguidores, no son tan buenos. Ser un aplicado Putoamista no merecen la pena.

  Al final, quiero pensar, encontrarás el éxito por ti mismo. Por tus méritos. No porque la chica más mona se te junte, ni porque papá te compre un BMW, ni porque te lo lleves crudo como un Urdangarin cualquiera. Al final el Putoamismo solo triunfará en ese rectángulo verde, en esa realidad paralela que solo dura 90 minutos. En la vida (quiero creerlo, aunque cada vez se me hace más difícil) ir con la verdad por delante, ser honrado y trabajador y procurar la mejora de los que te rodea te dará a la larga, por muchas tortas que te lleves en el camino, más alegrías que cualquier otra forma de conducir tu forma de ser. Incluso más que el Putoamismo.

                   
                                                                                                      Alfonso S. Lozano
                                                                                         

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