miércoles, 1 de agosto de 2012

La imposibilidad de las geniales combinaciones. Según ella.


Sólo hay dos tipos de mujer: unas te hacen feliz. Otras, te vuelven loco.

Tras años observando combinaciones inauditas de parejas, tras buscar razones de índole física, psíquica, química y emocional, tras pellizcarme, tras engañarme, tras culpar a la casualidad, me siento capacitada para afirmar que los hombres interesantes de este mundo van de la mano por las calles de vuestras ciudades con tías mediocres.
Es importante que tengamos claro que nada de lo que hagamos va a cambiar esta realidad aplastante: ellos las prefieren sosas. No os angustiéis: las verdades universales nunca son fáciles de digerir.

Y esto desemboca en mi segunda sentencia firme: Nunca se juntan dos especiales, lo que se acentúa especialmente en la combinación hombre interesante + mujer simple.


Quizás debo puntualizar. Para mí un hombre interesante es un tipo capaz de citar en medio de una cena a Sabina, a Pedro Salinas, a Carlos Salem, a Ángel González o a Benedetti sin sentirse por ello menos semental, un tío al que el apellido 'García Montero' le evoque más allá de unas natillas, un obseso de las palabras, un golfo errante por la senda del whisky cola y la cultura del idealismo. Un cínico, un capullo encantador de elegancia natural que a veces se pone sombrero y se descuida la barba, pero cuida a los amigos y rinde culto a su esquina del bar con una sonrisa estafadora a media asta.

Ese tipo de tío en vía de extinción, ese Quique González, ese Robe, ese Antonio Vega, siempre vomita alguna nueva sensación, alguna idea más, como fibras del alma descosidas. Ese Bukowski, ese Oscar Wilde, esa combinación inteligente de todos mis héroes, se folla, de hecho, se está follando en estos instantes, mientras escribo estas palabras, a algún encefalograma plano con falso pubis de niña cuya peor preocupación es qué ponerse mañana. Ay. Ponte tú a combinar esa falda.

Perdón, a veces me pongo ácida. Me refiero a esa clase de mujer B, una buena niña que presentar a tus padres, que haya acabado su carrera -siempre femenina- y que nunca te haya puesto los cuernos, tierna, dulce, frágil, una princesa que rescatar, un concepto que proteger, porque ella es mucho más que una novia: Ella es todas las canciones de Laura Pausini que la identificaban y todas las veces que ha llorado con El Diario de Noa, temblando temerosa y desconsolada sólo de pensar que tal vez nunca la quisieran de un modo tan puro y veraz.
Ella es una novela rosa en sí misma, con pequeñas pasiones predecibles y conversaciones anodinas, claro que sí, ella llenaba todos los cines cuando estrenaron 'Tengo ganas de ti', ella sudaba prácticamente nenuco en los conciertos de la Oreja de Van Gogh, por su mente desfilan cientos de colores de pintauñas distintos y sus movimientos son comparables a cualquier vals encima de unos tacones. Lo cierto es que es ideal, políticamente correcta, bondadosa y adorable.

Una mujer cualquiera.


Y ¿por qué, dios de mi puta vida, por qué los hombres interesantes eligen mujeres así? Estoy abierta a cualquier explicación, incluso paranormal o astrológica. Los años me han llevado a creer aquello que me decía un amigo cuando yo le preguntaba por qué sus novias nunca llegaban a un mínimo coeficiente intelectual ni emocional -mientras que abogaba por las hinchables, que resultan más económicas-: 'Porque si no el mundo explotaría'. Me explicaba que dos mentes carburando siempre a tan alto grado nunca pueden subsistir juntas mucho tiempo. Que tendemos a buscar lo que nos falta, y, en su caso, esas novias le habían aportado paz, seguridad, o comodidad cuando andaba anémico de amor estable.

Quieren musas mudas, eso es lo que creo yo. Sentirse admirados, retroalimentar el ego. Quizás eso sea lo que ellos necesitan: no quemarse con el propio pensamiento, entretenerse con dulces trivialidades y aparcar la amargura inevitable del que sabe y siente.


Colgarse de una imagen, de un olor, de un tacto fiel, sin darle demasiadas vueltas al coco. Porque las mujeres de clase A son el camino más largo: la loca, la irónica, la aguda, una tipa independiente en cualquier sentido, golfa, divertida, valiente, enrevesada hasta rabiar, alguien con quien ver por décima vez El Club de la Lucha, Blow o Pulp Fiction, alguien que anuncie que va a follarte sin que le tiemble la voz. Porque ella no le teme a las palabras, no entiende de vulgarismos, las ama en cada morfema y nunca le resultan perversas, es una fuente inagotable de poética y política, desconcertante, imposible de domesticar, extremadamente neurótica. Una compañera y contrincante -todo a la vez- de boxeo mental excepcional, un reto para toda la vida.

Las mujeres del tipo B te hacen feliz. Las mujeres del tipo A te vuelven loco.

La virgen versus la puta, el cóctel contra la cerveza, Pol 3.14 frente a Iván Ferreiro, Robert Pattinson a un lado y Clint Eastwood al otro. El grado positivo y el superlativo. El tipo B es válido, intachable de hecho, generaciones enteras de mujeres ejemplares, de buenas chicas que esperan pacientes a su marido en casa con la cena preparada, de madres estrictas y sacrificadas, de profesionales indiscutibles. Realmente no hay una serie de características definitivas que distingan a una mujer A de una mujer B. Tal vez sólo una: la primera es buena. La segunda es mejor.

Y si los hombres interesantes se van con mujeres insípidas, ¿dónde están las mujeres interesantes?, os preguntaréis. Yo os lo diré.

Están quejándose, están tecleando estas líneas, están reclamando su derecho a querer a alguien que esté a su altura. Están, -estamos-, un poco heridas, un poco escépticas y un poco excitadas por el peso de la realidad: es imposible amar a un alter ego, repito, 'nunca se juntan dos especiales'. Están, -estamos- paladeando este eterno desencuentro, la profunda insatisfacción vital, el fracaso diario de medias naranjas que se van con medios pomelos. Están, -estamos- usando y tirando cuerpos sobresalientes, continentes de cerebros dignos del homo sapiens más arcaico, incansables, sin conformarnos jamás, buscando una boca que diga las palabras mágicas, buscando un 'de sobra sabes que eres la primera'.


Entre tanto, sigan anestesiados.


                                                                                                                            Lorena G. Maldonado 

22 comentarios:

  1. Como mujer que se pinta las uñas mientras escucha a Sabina, creo que vas un poco de sobrada

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. En una palabra: Impresionante.
    Y me quedo raquítica diciendo sólo eso...
    Pero, ¿Qué coño? Es lo que llevo pensando meses, años, casi desde que una tiene uso de razón con respecto a eso...
    No habría sabido describirlo mejor, ni tan sutilemnte aguda.
    Genial es poco.

    ResponderEliminar
  4. Ácido, muy ácido. Deliciosamente mordaz.

    Soy consciente de la existencia de esos roles, del tipo A y del tipo B. También del grupo AB.

    Si interpretáramos tus palabras cual teoría, podríamos afirmar a su vez que las féminas del tipo A necesitan hombres simples, la tabla rasa masculina para complementarse.
    Pero no es así, ¿no es cierto?

    Con esto sólo pretendo ir un poco más allá, ¿será la mujer tipo A incapaz de conformarse con su antítesis masculina como lo hace el "hombre interesante"?

    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Sabes juntar más de dos, de tres, yo diría que incluso de cuatro palabras con arte. Innegable. Pero... no me lo creo. No me lo creo porque nunca había visto tanto típico-tópico junto. Nunca.

    Escuchar a Sabina, Iván Ferreiro, etc no te aleja de la mediocridad, ni mucho menos te hace más interesante que llevar a POL 3.14 en el iPod.

    No creo ni en A's ni en B's. Pero si cada persona en mundo, coño...!

    ResponderEliminar
  6. La demagogia es barata. Si te has quedado con eso, te has quedado en la superficie. Creo que no me habré explicado bien o no me habrás entendido. Obviamente, no hay ningún tipo de música que te catapulte hacia un lado o hacia el otro. No se trataba de prejuicios, sino de ejemplos visuales del perfil de persona del que hablo, y para nada pretendo que sean excluyentes o insultantes. (Es absurdo, porque yo misma en mis años mozos he ido a algún concierto de la Oreja de Van Gogh.) Creo que con la puntualización 'Realmente no hay una serie de características definitivas…' quedaba claro.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  8. Ehem, ehem... no me quiero echar flores pero a mí me flipa Sabina, Krahe, Wilde, González, Benedetti, Bukowski, etc. y estoy soltero, quizás por pasar de esas tías simples que mencionas. Es más, mi hipótesis es que las tías con un mínimo de virtudes ya están comprometidas, que viene a ser más o menos la tuya a la inversa. En fin, excelente artículo y excelente la autora, también en vías de extinción me temo.

    ResponderEliminar
  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  10. Es como si lo hubiera escrito yo mismo, como si la pantalla del ordenador hubiese sido un espejo por un rato. Gracias por ponerte al descubierto. No estamos solos.

    Bueno, voy a publicarte la entrada en mi Tuiter y me voy a "entretener con dulces trivialidades" mientras sigo buscando personas especiales.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  11. Existen las A+B
    En mi humilde opinión, hay cualidades femeninas que no tienen porque discordar; o no es acaso la inteligencia, un síntoma de elegancia?
    De veras tu reflexión me parece muy buena y estoy muy de acuerdo cuando dices que ellos las prefieren del tipo B. Pero créeme cuando eres A+B es aun peor...
    Un saludo

    ResponderEliminar
  12. Sin lugar a dudas el grupo AB existimos, esas que pensamos que la falda en cuestión quedaría genial en el suelo de su cuarto, esas que siempre seremos la sonrisa burlona y vengativa de Jack en tacones y que tras follar como bestias queramos que nos abracen como si fuéramos a rompernos. Pero creo que los comentarios no deberían dirigirse a ese punto sino a lo agudo y certero que es este texto y cómo es capaz de simplificar lo que muchas llevamos demasiado tiempo pensando. Es lamentable que haya gente que se haya quedado en lo superficial del texto y se permita lujos tales como criticar a la autora.

    Touché señorita G. Maldonado.

    ResponderEliminar
  13. Acabo de llegar porqe Escupiendo Sentimientos me ha traído.

    El problema es qe creo tanto en los estereotipos qe has marcado como en la imposibilidad de encasillar a una persona dentro de los mismos.

    Dentro de lo qe cabe, a los mismos tios nos has dividido en dos corrientes desde el principio, y aunqe citando a mis autores favoritos, no creo qe se me pueda encasillar en el primer grupo. Ni a mi ni a nadie. Básicamente porqe luego ese tio qe parece tan intelectual no deja de ser un mural de corcho donde va pegando clichés qe por norma general ni van en evolución directa con su pensamiento, gustos, madurez y otros ámbitos a ser catalogados.

    Lo mismo opino de las mujeres. ¿Qe estamos llenos de vanalidades? Desde casa y la escuela, es un problema de cultura y de educación qe por tradición en este país va a ser muy complicado de desarraigar si no es por uno mismo y a contracorriente de sociedad, tendencias y amigos incluso. Pero bueno, tampoco se puede decir qe no estén ahí los medios para el qe qiera cogerlo. No te dejes engañar, si ese tio qe lee a Wilde y Hesse acaba con una tía vacía, es qe algo falla y generalmente es el tio, si bien estoy de acuerdo en qe a veces alguien necesita musas vacías para alimentar su ego.

    Pero bueno, siempre están ahí Ismael Serrano y Kase.O

    Un placer leerla.

    ResponderEliminar
  14. Creo que tu eres la que tienes un problema, a lo mejor los tíos en los que fijas, son unos capullos con pose.

    ResponderEliminar
  15. Yo también lo he pensado así alguna vez. Pero a la inversa. Leyendo comentarios, me acerco mucho a 'escupiendo sentimientos'. Que en fin, lo peor es tener la cabeza hueca, no ser frágil. Con los años, nos hacemos frágiles, pero no a todos se le llena la cabeza de sentimientos bellos (como puede ser Sabina, un libro de Jardiel Poncela o escuchar Jazz - mismamente -). También, la superficialidad y el que todo esté muy sobre valorado - por gente superficial - es un problema.

    Y diciendo esto, para despedirme, decir que es un texto en el que me ha gustado mucho. Has sabido meter y entrelazar las cosas en su momento, como debe de ser.
    Lástima llegar tarde, pero no me arrepiento haberme encontrado esto de casualidad.
    Un placer.

    ResponderEliminar
  16. Admirador de las palabras y de las verdades escritas con plumas de punta desgasta de apretarlas contra el papel. Admirador, desde este momento, tuyo.

    ResponderEliminar
  17. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  18. Me ha encantado tu entrada, muy directa y, desgraciadamente, cierta.
    Pero también es cierto que a veces las geniales combinaciones se hacen posible. Quizá no mucho tiempo, como tu dices, pero a veces si se juntan dos especiales. No te niegues a la casualidad de encontrártelo ;)

    ResponderEliminar
  19. La verdad, no creo que las personas y menos las mujeres se pueden clasificar en dos grupos. He llegado a esta entrada por casualidad y creo que en realidad intentas poner un escudo para no encontrar a un hombre, clásico mecanismo de defensa- no es mi culpa, es la de ellos. De todos modos, no voy a juzgarte, como tu has hecho, porque no te conozco. Me considero una perfecta mezcla de clase AB: escucho a Sabina y a Rulo, me gusta Clint Eastwood y lloro con el Diario de Noa, me gusta follar salvajemente pero que al acabar me abracen y me digan que me quieren al oído. Sociedad basada en estereotipos, sociedad pobre. Entonces, ¿cómo puedo ser clasificada?

    ResponderEliminar
  20. Sublime.
    Ciertamente cada persona es un mundo, no nos quedaremos en lo superficial de tu relato ni encuadraremos "x" música o escritores en la Guía del Hombre Interesante (aunque todo ayuda), además, los criterios para clasificar a una persona como interesante o no varían individualmente.
    En definitiva me ha encantado el post. Te sigo.

    ResponderEliminar