domingo, 30 de septiembre de 2012

Me he comprado una casa

  Te pruebas esa cazadora tres veces. No te disgusta, pero tampoco te acaba de convencer. Mil veces has escuchado esa frase de “si no te la vas a poner, no te la compres”. El caso es que no es una decisión fácil porque, sí, te gusta. Pero cuesta un dinero. ¿Y si mañana encuentras otra que te gusta más y ya no puedes comprártela por haberte hecho con ésta? Peor aún, ¿y si resulta que cuando te la vayas a poner sigues sin estar seguro de lo bien o mal que te sienta? Y pongámonos en el peor de los casos, ¿y si Óscar se ha comprado la misma?

  Decides declinar la suculenta oferta que te lanza el bloc de cartones adjunto a la cazadora. No nos engañemos, de los comercios que frecuentas desaparecieron hace tiempo las dependientas que no paraban de insistirte en que te probaras cuantas más prendas mejor, y que terminaras por comprarlas todas.

  Además, el gasto que afrontas este mes no es pequeño. Has decidido cambiar de móvil, y aunque la nueva compañía a la que te migras te hace una interesante oferta por ese Smartphone de última generación, algo de tu parte tienes que poner. Al final te has cambiado a los morados, porque de los naranjas estabas harto, y los rojos y los azules no te ofrecían lo que tú querías. Llegaste a hacerte un cuadrante con colores, comparativas, precios, servicios, … todo muy estudiado. No te gusta tomar decisiones sin tener toda la información necesaria de antemano.

  Sales a la calle. Llueve. Piensas en coger un taxi, pero te saldrá mucho más económico pillar el bus. Debiste haber salido de casa en coche, pero como en el concesionario te piden un ojo de la cara por repararle la junta de la culata, aún estás decidiendo si llevarlo a la marca o a un taller de confianza recomendado por un amigo, y del cual has buscado decenas de referencias por Internet.



  Me he comprado una casa. Sobre plano. La mayor inversión que he hecho nunca. Sé que tiene tres habitaciones, dos baños, una cocina y el salón. Probablemente dedique el resto de mi vida a pagarla. Y ni siquiera sé si la terminarán.

                                                                                                               Nacho Lapuerta

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