viernes, 28 de septiembre de 2012

Mi mentira


  Digamos que, tengo una cita a ciegas con La Mentira. Necesito de la insípida y triste arpía y la
evoco inequívocamente porque sin tristeza no hay entereza en los momentos felices. Miro a la
mentira, siempre cambia, nunca es la misma, su rostro es jovialmente perezoso y no quiere
aparecerse a mí como la zorra que realmente es. La Mentira no me miente cuando habla
porque sabe que si recurro a ella es porque la sinceridad del mundo que me rodea me roe el
sórdido pálpito materializado por el séquito ocasional de noches en las que no hallaba ni
ocasos ni albas de los que tanto hablaba Neruda.

  “Ella no te quiere. Nunca te quiso. El amor contigo es un sentimiento imposible porque
siempre recibiste más amor del que ella se resignó a recibir. Eres malo y dudo mucho de tu
integridad como persona después de todas las indecencias acontecidas  en fines de semana o,
simplemente en los fines. No la mereces porque vives a merced del no ceder. Tu orgullo está
escrito en tu estricto diccionario ordinario con el rojo del cielo que observas atónito con tus
labios, puesto que tus ojos están demasiado ocupados resaltando los defectos de la
consideración infravalorada. Vente conmigo porque sabemos que es lo mejor, nos lo
pasaremos bien, seremos la pareja perfecta porque es eso, ¿no?, lo que estabas buscando, la
perfección…entonces tú y yo seremos los padres de nuestra ansiada vanidad y egolatría”
Resulta tan poética y natural La Mentira que me la tengo que creer. Si alguien debe recibir
algún castigo he de ser yo. Tengo que asumir la culpa y que el daño lo hice yo, que soy
finalmente lo que tanto odiaría de mi ex-pareja.

  Cuando de nuevo vuelvo a poner los pies en el suelo veo que no sirve de nada, que ya he sido
absuelto obviamente por falta de pruebas. El tribunal de La Verdad me declara inocente y les
cito la prueba irrefutable: “Si cuando te presentan a alguien dices de estar encantado de
haberla conocido, al despedirte debes de estar encantado de haberla reconocido.”


                                                                                                           Pablo González

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