martes, 23 de octubre de 2012

Todo tiene solución, menos la muerte


Vivimos aún en un mundo donde nos dicen “todo tiene solución, menos la muerte”. Seguramente con las mejores intenciones para tratar de darnos ánimos. Pero yo creo que eso es sólo una falsa esperanza. Una más.

No nos atrevemos a ver que hay cosas que no tienen solución. Que las cosas se rompen, se estropean, se desgastan, se manchan de vino, se agujerean. Todos recordamos haber tenido una prenda favorita que ha quedado inservible por no tener cuidado, por no haberla mimado lo suficiente, o porque, simplemente, ya estaba vieja. Vieja y desgarrada por los extremos. Vieja, para mí, no es sinónimo de muchos años, como tales. Es sinónimos de muchos años habiendo muerto muchas veces mucho, parafraseando al gran Ángel González. Es sinónimo de haber cumplido una etapa, sinónimo de haber sido, y no volver a ser nunca más.

Sin embargo, tenemos tan inculcado, tan dentro, eso de que hay que luchar por lo que se quiere que ni si quiera nos paramos a pensar si de verdad lo queremos. Si, de verdad, existe. Seguimos de frente, orgullosos, tozudos, perdiéndonos todo lo que tenemos a los lados. Nos conformamos, agonizamos y, al final, morimos por algo que ni si siquiera es. Porque se ha esfumado, se ha perdido, ha desaparecido. Nos ha abandonado sin aviso previo. Pero ¿acaso no es la vida en sí misma todo eso?

No podemos volver a construir lo ya roto. Porque nunca volverá a ser como antes. El jarrón que se cayó por despiste y lo arreglamos con pegamento –aunque éste sea extra fuerte-nunca ha vuelto a ser el mismo. Tampoco lo seremos nosotros. Ni lo serán nuestros pasos. En realidad, no lo serán ni nuestras vidas. Estaremos perdidos. Pero esa desorientación nos permitirá explorar caminos a los que nunca hubiésemos accedido si no nos hubiésemos alejado de la vía principal, a la cual, siempre volvemos para volver a morir, como los salmones. En eso se basa nuestra existencia.

Una vez, alguien me dijo “no trates de volver a pegar algo ya roto; lo único que conseguirás será hacerte daño cortándote con los trozos”. Y ¡qué razón tenía!

                                                                                                                 M.Alfonso
                

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