domingo, 21 de octubre de 2012

Una de hermanos


  Hay que ver la de veces que habremos oído el típico comentario de “parece increíble que sean hermanos…con lo ‘salao” y la gracia que tiene el uno, y lo ‘soso’ y triste que parece el otro”. Cierto es que el número de este tipo de comentarios suele ser directamente proporcional a la edad de la gente que tienes alrededor, pero uno que acostumbra a veranear en un pueblo de estos de Aragón en los que la boina rosca lleva de moda unos 200 años, tiene que convivir con ellos casi a diario.
  
 ¿Que a qué viene todo esto? Pues que de alguna forma tenía que hilar la historia de dos hermanos (hermanos futbolísticos, aunque de distinto padre) franceses con nombres muy poco franceses. Uno de ellos, Gonzalo, cruzó el charco de bien pequeñito para buscar a sus orígenes y dar los primeros pasos para cumplir su sueño en la Argentina “pre-corralito”. El segundo, Karim, más timidillo él, se quedó a las orillas del Ródano, esperando a que el sueño, el mismo que el de Gonzalo, le encontrara a él.

   El sueño al que ambos chavales aspiraban era el mismo que tenían, tienen y tendrán el 99% de los niños que corretean por las calles del mundo mientras patean una pelota o sucedáneo: ser futbolista de un grande de Europa. Habrá que concluir pues, que para salir triunfante de semejante casting, habrá que ser tremendamente talentoso o tremendamente cabezón. O sea, muy Karim o muy Gonzalo.

   Es cierto que ambos chicos han sido siempre muy distintos, aunque no me atrevería a decir que la causa sea el distinto progenitor. Al fin y al cabo estamos hablando de padre futbolístico, claro. De Karim, a no ser porque en Francia no es tradición, diríamos que vive recién despertado de la siesta. De Gonzalo, que la única señal que ha dejado Francia en él ha sido en el pasaporte. Tímido, tranquilo, elegante el uno; visceral, voraz y pillo de potrero el otro. Cada uno siguiendo su camino; dos caminos inevitablemente destinados a encontrarse.
  
  Ocurrió que allá por la Navidad del 2006, aterriza en Buenos Aires Pedja Mijatovic, entonces director deportivo de los blancos, con un objetivo claro: buscar voracidad juvenil, carácter y pillería argentina para enderezar el rumbo de aquel Real Madrid treintañero del sargento Capello, que navegaba a la deriva. Andaba por Boca un mediocentro de buen trotar, movimientos supuestamente elegantes y un corte de pelo que se asemejaba mucho al del ídolo Fernando Redondo. Lo dicho, que el producto se vende solo. Gago aún envía cada año una caja de ibéricos desde España a aquel gran artista de la tijera y el peine.

   Para aprovechar el viaje, supongo, Pedja también le echó un ojo a River, el otro grande del país. Sobre el papel, poca cosa que pescar…aunque oye, el tal Ferrari potencialmente tiene unos cuantos reportajes:“‘El Ferrari’ da la bienvenida a Ferrari”. Para pensárselo. O un colombiano llamado Falcao del que no me han hablado mal. Pero no, a Pedja le llamó la atención un segundo delantero que acumulaba apenas 40 partidos y 15 goles el el Primera de River. Gonzalo Higuaín, el primero de los hermanos de nuestra historia. El Real Madrid pagó casi 1 millón de euros por cada gol que había hecho Gonzalo en River, casi nada.

Avancemos 2 años y medio y coloquémonos en el verano post-triplete del F.C.Barcelona de Guardiola. El verano post 2-6, post batacazo en Liverpool (que marcara Torres fue incluso más humillante que el propio 4-0) y alguna humillación más de la que prefiero no acordarme. El “Ser Superior”, Floren, el que olió humo y puso pies en polvorosa 2 años antes, se autoproclamó salvador de la patria blanca e inició su segunda era al frente de un Real Madrid en el que, por cierto, el mediocentro de las melenas era un habitual, y Gonzalo había mutado y empezaba a adivinarse como un ariete feroz con el gol.

Sin embargo, para el gol el “Ser Superior” tenía un solo objetivo: viajar hasta Lyon para apadrinar a Karim Benzema y hacerle ver que la hora de cumplir su sueño había llegado. Fino delantero este Karim, por el que el Real Madrid pagó 35 millones de euros a bombo y platillo.

Así que aquí se encuentran los hermanos, Gonzalo y Karim. En estos más de dos años juntos, además de ayudar a convencer al “Ferrari” de que con un apodo italiano también se puede triunfar en Alemania, nos han descubierto que dos tipos tan distintos pueden ser válidos para ser el “9” del Real. Para Gonzalo el gol es asunto de estado, hasta el punto de que parece incapaz de hacer un buen partido si no marca. Vive los 90 minutos con la red como único objetivo, y cuando lo logra quiere otro, y otro, y otro. Nació insatisfecho, y quizá por eso gusta tanto en el Bernabéu, que adoptó enseguida como un hijo.

 Para Karim en cambio, parece que el gol es lo menos importante de ese divertido juego llamado fútbol: parece incluso que disfruta más con una buena asistencia o un gran desmarque para ayudar a crear espacios. El Bernabéu también le cuida y le mima como una madre, aunque quizá más por lo que creen que le puede dar al equipo que por lo que le ha dado hasta ahora. Gonzalo está enchufado siempre, Karim está en el partido cuando deja de intentar recordar dónde ha dejado olvidadas las llaves del coche.

 Estoy convencido de, en parte, que esta diversidad de comportamiento se debe a que Gonzalo se sabe bajo la lupa del “Ser Superior”, el papá futbolístico de Karim. Sabe que sólo a base de goles podrá evitar, o al menos retrasar, su ineludible final. Intuye que ser hijo futbolístico de ese abogado que envió a Pedja a Buenos Aires, le hace ser carne de cañón. Porque a Floren no le gusta convivir día a día con los recuerdos de quien vivió en aquella casa antes de él: le importa bien poco si se trata de última maquinaria holandesa o producto nacional. Karim, protegido por la cálida manta de papá Floren, puede permitirse ser un hedonista del balón. Que para pensar solo en el gol ya está Cristiano Ronaldo, debe de pensar el galo.

 Sucede que en estos últimos 2 veranos, Florentino anda empeñado en buscarle un huevo hermanito a Karim. Primero quiso a un inglés antaño alopécico, después al yerno de un tipo al que en Argentina llaman “Dios” porque les hizo ganar un Mundial. Pobre Gonzalo. Gonzalo sabe que a Floren le estorban en casa los recuerdos del pasado, así que ya el verano pasado pensó en emigrar Turín para poder disfrutar plenamente de su mayor diversión: devorar redes.

 Yo entiendo que al madridismo le gusta esta extraña pareja de “nueves”; habrá quien diga que en el Real Madrid tienen que estar los mejores en cada puesto y que quien no quiere a los mejores jugadores y entrenadores para el Real es “pseudomadridista” o “madridista disfrazado”. Yo me quito la careta, o me pongo el disfraz si quieren: Higuaín y Benzema, con sus virtudes y defectos, son mi pareja de delanteros ideal para los próximos 5 o 6 años.

   
 Estos días nos desayunamos con un nuevo capricho de Floren: Radamel Falcao, aquel colombiano que compartió goles con Gonzalo en River. Aquel en el que Pedja no se fijó. Y Gonzalo, que sigue a lo suyo haciendo goles de blanco, de albiceleste y de lo que le manden, se piensa otra vez lo de Turín. Y en esas estamos en octubre, pendientes de Radamel, de la decisión de Gonzalo y de que Karim encuentre pronto las llaves del coche. Y a ocho puntos del Barcelona.

                                                                                                                     Enrique Guillén

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