lunes, 4 de marzo de 2013

El silencio de la derrota

“Ayer, estabas tan ausente, y no supe entender que el silencio no para de hablar” *

El silencio de la derrota ha estado muy presente en Barcelona desde que Guardiola llegó en 2008. Consiguió un estado de seguridad absoluto. El equipo era el mejor a veces y se creía el mejor siempre. Aun así, Pep hablaba de prudencia, de ciclos temporales, del hoy y nunca del mañana. Sólo cuando creía poder conseguir victorias puras utilizaba esta posibilidad para engrandecer el ego de sus futbolistas. Ya sabéis, aquello de “si pierden seguirán siendo el mejor equipo del mundo, si ganan serán eternos”, o quizá los tuteaba, da lo mismo.

El caso es que Pep mantenía a los suyos en un estado constante de grandeza, pero el nunca dejó de aparentar falsa modestia. Falsa modestia que no era tal, más que en las palabras de unos cuantos, que no en el pensamiento. De lo que hablaba Pep con sus contratos cortos, con su enlatado en un sótano, con saberse frágil ante la derrota (como todos dicho sea de paso) y decirlo, con sus arengas elegantes para ir cada año a ganar la Liga en el Bernabeu, su carrera por la banda de Stamford Bridge sabiendo que el fútbol –y Ovrebo- le habían dado la oportunidad de sortear el infortunio de la cara B de este maravilloso deporte, de su “no sé cual es la cámara del Sr. José, deben ser todas estas”, de lo que hablaba con todo esto era de lo que pasa hoy.

Pep siempre resaltó que él estaba donde estaba porque sus jugadores eran muy buenos, y en más de una ocasión se refirió a Leo Messi como el elemento diferencial que provocaba que él ganase y no le destituyesen. Después, curiosamente, se ha ido porque ha querido y cuando ha querido. O mejor dicho, cuando consideraba que debía irse. Estaba cansado, y quién no, de mantener el silencio de la derrota cerca de nosotros.

Quién puede negar que Guardiola hablaba del Madrid como el mejor rival. Recordaba casi cada enfrentamiento que delante estaba un club majestuoso en sus logros y en su entorno, esto ultimo para bien o para mal. Siempre recordaba que el Madrid era el más grande con la misma elegancia que resaltaba que lo que estaba logrando ese grupo que él dirigía era extraordinario y que muy probablemente no se repetiría. Tu grandeza también se mide por la de tu enemigo y Pep nunca perdió la perspectiva de quién era su enemigo y se alimentó de ello. Parafraseándole, unas veces ganó él, otras veces ganó su enemigo, casi siempre ganó el, porque su historia así le avala.

El otro día decía en twitter que Pep era esa ex novia que os martiriza, aun ha pasado poco tiempo y no olvidáis. Creo que eso va a durar mucho más de lo que pensamos, por lo que parece. Algunos pensarán en su regreso y otros recordarán con nostalgia su estancia, que fue divina y gloriosa por cierto. Pep será siempre la niña linda que todos mirábamos con calidez y dulzura. A la que estaríamos dispuestos a consentir más de un tropiezo, incluso alguna infidelidad con un alemán alto y fuerte. Siempre sabiendo, suponiendo o simplemente deseando que un día pase por tu ventana, se asome y quiera volver a casa.

No hay que recordar las veces que Pep se refirió a Tito como su principal apoyo, referente y referencia de sus decisiones. Nada debería servir más que esto para confiar en lo que Guardiola cree lo mejor para su equipo, el que le crió y le puso donde está. El Barça le ha dado a Pep más de lo que Pep le podrá devolver al Barça por muchos reencuentros que tenga a lo largo de su vida. Si cuando tropezamos nos vamos a acordar de Pep, que sea para buscar aquello que él nos dejó. Tito es quien Pep ve capaz de hacerlo bien. Falta que dejemos a Tito que lo intente y en eso entra respetar al Sr. Roura.

                        

                                                                                                                           Luis Alcázar





*extracto de “Ayer” de Jorge Martí (La Habitación Roja)

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