viernes, 4 de octubre de 2013

El cine y las mujeres

Él es, para muchos de nosotros, el primer arte. Algunos siguen haciéndonos creer que es el séptimo, pero está claro que otros lo anteponemos al resto. De igual manera, ellas están en nuestras vidas, nos harán creer que no son lo más importante, pero a menudo obviamos nuestras obligaciones, nuestros compromisos, nuestras vidas y les dejamos tomar las riendas y hacer con nosotros lo que les apetezca.

¿Acaso todas las mujeres son iguales? Es evidente que no. ¿Sólo hay un tipo de cine? La respuesta vuelve a ser que no. Hablemos de ello, hablemos de mujeres y cine.

Está ella, nuestro primer amor. Gracias a ella nos dimos cuenta que podíamos mantener contacto con el otro sexo. Hasta entonces sólo jugábamos en el patio de la escuela con nuestros amigos, con una pelota o manteniendo las inocentes conversaciones que pueden surgir entre dos pequeños proyectos de hombre. Esto suele ocurrir entre los diez y quince años, edad variable: cada uno se enamora, de las mujeres o del cine, cuando le da la gana. Es nuestro primer amor y jamás le olvidaremos, pasarán los años pero ya nunca la verás igual. Ella es perfecta, no tiene errores, te enamora desde el primer momento (¿o era la primera escena?). En este caso, para vuestro humilde narrador, como diría Alex en La Naranja Mecánica, esta fue El Apartamento. Wilder no dejará de formar parte de mi vida, siempre será el hombre que me hizo apreciar este arte por encima de muchas otras cosas. Él, y ella, me acompañarán hasta mi lecho de muerte, y cuando ande moribundo sabré que en mi último aliento la quiero ver aunque sea una vez más.

Pero creces, hay un momento que quieres ser un poco más adulto, sabes que hay vida más allá de ese primer amor y ansías descubrirla. Has madurado y buscas nuevas cosas.Entonces, te fijas en ella; en la misma que se fijan todos, de la que hablan sin cesar todos en el recreo y que tú habías pasado por alto. Tú quieres conocerla en primera persona, saber si es cierto eso que cuentan todos; la buscas por todos lados y cuando la encuentras la miras y, lo más importante, la observas en primera persona. Ya no vale todo lo que te han dicho de ella, ahora sólo queda lo que a ti te produce esa obra (mujer, perdón). El Padrino, Uno de los Nuestros, o miles de obra del mismo estilo, encajan a la perfección en esta etapa. Ella es especial, te cambiará y te hará crecer, te hará sentir un ser superior ante el resto: tú dirás, “eh, que yo he estado con ella y tú no”.

¿Y qué me decís de la chica de la última fila? Esa con la que no has hablado nunca pero un día el profesor de turno os decide juntar para un trabajo. La chica rara de clase. Esa que cada mañana, cuando llegas, ya está sentada en su sitio; esa que, cuando tú te quedas hablando con tus amigos en el patio, está leyendo a Paul Auster en la última esquina del patio. Ella es rara, pero la conoces y te encanta. No entiendes cómo no has ido antes a por ella. Ahí están Leos Carax o David Lynch, sin hacerte el menor caso y haciendo lo que les da la gana. Si te gusta bien, pero si no te gusta a ellos les da igual, van a seguir haciéndolo exactamente igual de todas formas.

                              

También andan por ahí las incomprendidas, esas chicas que tienen amigas y que lo comparten todo con ellas pero que nadie las entiende. ¿Por qué haces eso? ¿No te das cuenta que eso no gusta a nadie? Ay, espera, que hay alguien ahí a quien sí que le ha gustado. Debe de ser otro incomprendido. Pues igual sí, pero si me lo permiten me voy a confesar: debo ser un poco incomprendido. Sigue habiendo gente que abuchea cada obra que saca Terrence Malick o Lars Von Trier; o los que ahora silban a Winding Refn; o aquellos que en su momento se comieron a Scorsese por su Taxi Driver. ¿Qué le vamos a hacer? Hay gustos para todo; pero esas incomprendidas, o esos incomprendidos, creedme que tienen cosas muy grandes dentro y que están esperando a ser comprendidas.

Como siempre, y no nos íbamos a olvidar de ellas, están las de las idas y venidas. Esa chica que no quiere estar contigo pero que tampoco va a vivir sin ti; esa que te sorprende cuando te regala algo inesperado.Que, sin venir a cuento, te suelta una tontería que no esperabas y te desmonta. Normalmente, estas relaciones empiezan siempre bien; tienen un inicio espectacular que te hace que esperes algo de ella para el resto de tu vida. Ay Woody Allen, cómo te quise. ¿Por qué sigues tratándome mal de vez en cuando? ¿Por qué me maravillas y luego me haces odiarte? Desconozco el por qué, pero igual que a esa chica, seguiré esperando que tu siguiente movimiento sea una maravilla porqué créeme si te digo que si me sigues fallando, un día me iré con otra.

Nos dejamos a muchas; la que parece de otra época pero a ti te gusta (por ejemplo John Ford o Hitchcock); la que te gusta pese a conocer todos sus defectos (Tarantino) y muchas más; pero hoy os dejamos a todas ellas y una humilde reflexión: el cine, como las mujeres, tiene diez mil variables y encontrarás varias que te gustarán, otras las despreciarás, pero cuando encuentras esa, la única, la perfecta para ti, serás el ser más feliz sobre la faz de la Tierra.

                                                              Guillem Casals Leon (autor del blog Dentro de la sala )

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