lunes, 2 de diciembre de 2013

No me tientes.

No me tientes,

            no me tientes que ya no soy el que era,
            que la vida me cambió como cambian las hojas en otoño,
            que la única tentación que me viene ahora es la de la bebida.

No me tientes
           
            que ya no seré el que era,
            que ya no creo en el eterno verano en los labios de mi vida,
            que ya solo me tienta una suave brisa que me maneje a la deriva.

No me tientes

            que no quiero ser el que era,
            que marchitar siempre va implícito en la floración tentada,
            aunque tu invierno pueda hacerme enraizarme en mis adentros.

No me tientes
           
            que no estoy siendo el que era,
            que mi época de cosecha ahora da los frutos tempraneros,
            que madurar les cuesta un mundo que no corre la savia.

No me tientes

            que no soy ni de lejos el que era, ni el que estaba siendo,
            que mi tronco no era tronco, que mis ramas ya no son desechos,
            que me creía rastrojo y me estás volviendo roble, o haya,
            o árbol que perdura hasta en el frío invierno impasible a tu lado.

No me tientes

            que ya no sé quien soy,
            que solo sé quien quiero ser,
            que quiero serte tú y que me seas,

            que solo siendo, las raíces se afianzan.


                                                                                                               José D. Belló

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