martes, 24 de diciembre de 2013

Nosotros, vosotros, ellos.

                   “Sé que hay ojos arrasados por la cruel melancolía que no guardan escondido ningún precioso secreto” 
                                                                                                                 Charles Baudelaire


Existen personajes que presiden la farra,
de dudosa biografía.
Sin patria, sin fronteras,
pero con buena ortografía.

Hay golfos sin pedigrí que follan por licencia y siempre duermen solos
y cuando se enamoran plagian versos de amor
lloran de pura tristeza los domingos sin fútbol
se equivocan de estación o confunden besos con despedidas
les atraen las malas chicas y el mercado negro de los cuerpos.

Existen idiotas con kilómetros, nihilistas invernales
sombras obscenas que pasean solas, con perro o melancolía
que se acuerdan de muchachas o juegan muy bien a la consola
vuelan mucho y pierden los trenes de las cosas que querían.

Hay valientes (imbéciles) que sólo saben amar descalzos
besan con la rabia de los jueves y la etiqueta les sale más cara que el traje
estudiosos del vaso que enamoran a las camareras o cierran los bares.

Existen esos tíos que emborrachan de despecho su garganta
y quieren ir al cine de la mano, pero siempre llegan tarde.
Dónde viven o qué hacen les importa sólo a sus madres
y se convierten en piratas lamentables o se dan a la botella
con ron pero sin barco, en la hora puntual de sus tinieblas.

Hay -en serio- hombres que publican versos de Aleixandre
En el beodo guiño de los sábados: “Amor mío, amor mío…”
En las altas horas de pan recién hecho, cuando la luz les quema
se les llena la boca de pena y dejan crecerse la memoria.

Existen -creedme- ésos santos varones
los he visto a mi lado, obsesionados por los labios.
Estaban borrachos y llovía;
o tal vez no llovía, pero solía oler a sueño roto.
Hay -supongo- unos ojos que están leyendo estos renglones
y se merecen algo mejor que vosotras
… ¡qué cojones!

                                                                                                        Portos Leyva

1 comentario:

  1. Hay poetas que se citan entre comillas y otros que se citan con muchachas de memoria fugaz en librerías y callejones oscuros. Cuentan que los segundos lo suelen pasar mejor que los primeros.

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