domingo, 19 de enero de 2014

El cine es sólo la excusa

Empezaré por el final: has usado el cine para ligar o como paso previo para tener sexo. Y lo sabes. Yo también he pecado. ¿Que por qué digo esto? Intentaré explicarme. El cine, además de entretenernos en nuestros ratos de soledad, nos proporciona tema de conversación para romper el hielo. O plan para esos viernes de sofá y manta en pareja. ¿No estás de acuerdo? Sigue leyendo.

Hay quien sale de fiesta con los bolsillos llenos de fichas. La gran mayoría, la verdad. Entre ellas lo normal es meter alguna de Brad Pitt o Tarantino. Qué buenos son.

Un inciso, si pretendéis ligar hablando de cine, os recomiendo estas fichas; todo el mundo los conoce y ha visto algo de ellos. Así te aseguras mínimo un par de respuestas hasta que te dé puerta, o al menos no creará silencios incómodos. Eso sí, no pretendas impresionar hablándole sobre el documental ruso que viste anoche; casi con toda seguridad quedarías como un snob. O como un estirado un pelín imbécil, que es la traducción al castellano de snob.

Seguimos de fiesta, la noche es tuya. Echas un ligero vistazo por el bar y aprovechas la mínima para pagafantear un poco y acercarte al amor de tu vida de esa noche. Estás seguro de que solo se le han acercado babosos con frases del estilo: “¿Perdona, eres Vanesa? Ah, no, me habré equivocado” o “How do you do, rubia”. Qué más da lo que le hayan dicho antes, seguro que nadie le ha hablado en toda la noche sobre cine. Tienes suerte, cansada de orangutanes sin conversación, consigues caerle bien. Los dos habéis visto recientemente “La princesa prometida” y eso une mucho. Usas la disculpa de que allí no podéis hablar bien sobre la última película de Sánchez Arévalo y te atreves a pedirle su número…

Y lo consigues, amigo, has pasado a la siguiente fase. Tienes su número y vas a decirle de quedar, solo necesitas una coartada. Es aquí donde vuelve a aparecer el séptimo arte, el comodín más antiguo. Te armas de valor y la invitas al cine, esta semana estrenan la última de Woody Allen. Igual que cuando tus padres se conocieron. Y la misma excusa que usó Adán para quedar con Eva por primera vez. Seguramente Woody Allen ya estrenaría película por aquel entonces.

Accede. Quedas con ella y sigue tan guapa como cuando la conociste, tantas cervezas no te nublaron el juicio. Bien, todo marcha bien.

Os gusta el cine a los dos y ha sido fácil quedar para ir. La coartada funcionó. Parece el plan perfecto, pero una vez allí os dais cuenta de que no. Estoy de acuerdo con vosotros. Quedar para ir al cine es la vía rápida para que la otra persona acceda a quedar. No parece “una cita”, sino, más bien, un plan de amigos. De primeras da menos vergüenza. Aunque está claro que no es la mejor alternativa para la primera cita; la primera vez que quedas quieres hacer de todo menos encerrarte en una sala dos horas, por muy buena que sea la elección de la película. Quieres hablar, quieres beber y quieres, con un poco de suerte, resguardarte del frío en los portales.

Extrañamente, a pesar de haber ido al cine en vuestro primer encuentro, todo sigue marchando bien. Os atraéis y decidís seguir quedando. Quedas tanto que, tres años después, no te queda más remedio que admitir que sí, que es tu pareja. Te han pillado con todo el equipo puesto, tienes que vaciarte las fichas de los bolsillos y dejar de jugar.




Al principio todo es bonito, todas las noches son perfectas, todos los bares ponen vuestra canción. Y todas las películas os gustan. No sabes cómo lo consigues, pero cada vez que vais al cine aciertas. Cada vez que te descargas una película os gusta a los dos. Y después de la película, sexo. O antes, que le den a la película. Hace poco, sobre este tema de cine como coartada, leí una respuesta de Boyero en su entrevista digital del País que me pareció acertadísima. La dejo aquí porque no tiene desperdicio

P: Sr Boyero, este fin de semana me ha invitado un amigo a cenar a su casa. Él pone la cena y yo la peli. ¿Qué película me aconseja? Realmente lo que quiero es quedarme a dormir:

R: Nada más e

ntrar hágale una mamada como Dios manda. O mejor, retrásela, pero hágale pensar que la cosa va a ir por ahí. El alcohol ayuda. El cine es secundario. Ya tendrán tiempo de ver películas cuando hayan follado un montón. Que tenga usted suerte. Otro día hablamos de cine.


Qué razón tiene.

Echas la vista atrás y te das cuenta de que no recuerdas nada de las veinte primeras películas que os pusisteis juntos. Seguramente por eso te gustaron tanto. Va todo tan bien que crees vivir en el principio de UP. Que, por cierto, tiene más cine esos minutos iniciales que todas las películas de sobremesa de Antena 3.

Pasan los minutos iniciales y llegas al nudo de la relación. De repente, un día, ves la película de principio a fin. Es que me interesa, dice. Deja de hacer el movimiento del ñu, hoy no hay sexo, dice. No todo es de color de rosas, también existen los grises en las parejas. Y las películas de Van Damme que solo te gustan a ti. O esa comedia romántica calcada a aquella otra que visteis hace dos semanas.

¿Llegado a este punto qué hacer? Ahora sí es importante acertar la película. No te apetece aburrirte dos horas. Ni tampoco fallar en la elección y soportar dos horas de caras aburridas. Es complicado poneros de acuerdo en cuál ver esta vez, tu turno o el mío. Todas esas cosas que ya sabes.

Y, como me caes bien, te recomendaré algunas películas que quizás te salven el plan del próximo viernes. A mí al menos me salvaron el culo. Estas son de esas películas intermedias que suelen gustar a casi todo el mundo. El Apartamento, El secreto de sus ojos, Pequeña Miss Sunshine o Big Fish pueden ser buenas opciones.

Así que, la próxima vez que quedes con ella y realices acercamientos para ver si ese día está receptiva, acuérdate de mí, de este artículo y de estas cuatros películas que te acabo de decir. Sobre todo si no está receptiva. Aunque quién sabe, con suerte no tengas que verla.

                                              Colaboración de  Juanan Salmerón para la web Dentro de la Sala

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