martes, 7 de enero de 2014

Los proternorles invaden el cine


Es probable que tú conozcas a un proternorle y no lo sepas. Lo conoces ya mucho tiempo y sabes cómo es su forma de ser, pero hasta hoy no sabías que se llaman así. No sabes que esas personas tienen un nombre y pertenecen a un género de chico. Yo lo aprendí de mi padre, que es el proternorle que conozco y del cual he heredado bastantes cosas proternorlíacas, si es que se dice así. De mi padre nunca heredaré calvicie ni, espero, grandes enfermedades. Eso sí, no me he librado de ninguna de sus cualidades, tanto las buenas como las malas. ¿Y por qué me cuenta esto este hombre? ¿Qué es un proternorle? Intentaré explicarlo brevemente. Más o menos como me contaron a mí la historia.

Mi padre tiene un gran amigo, su mejor amigo de la infancia. Hasta ahí todo normal. Cuando eran pequeños, esperaban ansiosos la llegada del fin de semana, ya que era el rato libre que tenían para ir a la plaza del pueblo a ver a las muchachicas. Todo normal, como decía. La particularidad está en que ellos jamás hablaron con ninguna de ellas. Daban vueltas alrededor de la plaza comentando que a la siguiente vuelta que diesen, las pararían y las invitarían a sentarse con ellos. Tenían pipas y muchos chistes en la chistera. Pero jamás lo hicieron. Se consideraban tan pringados por enamorarse de todas y ser incapaces de hablar con ellas que llegaron a la conclusión de que el calificativo de pringado o tonto, se les quedaba corto. De ahí que decidieran inventar una palabra que los definiese: proternorle.

Un proternorle es romántico. Es educado. Y romántico, insisto. Es pringado, pero más, ya lo vais entendiendo. Se rodea de buenos amigos ante todo. ¿Cómo iba a soportar alguien tanto amor a primera vista y desengaño sin el consejo de un buen amigo? En definitiva, es el que ve cinco hijos y una casa con chimenea en todas las chicas de la biblioteca. En todas las chicas que se cruza en el metro o tranvía. Y sobre todo, en todas las amigas de sus amigas. Ahora ya lo habéis entendido y seguro que estáis pensando en algún conocido vuestro.

¿Y todo esto por qué? Pues porque los proternorles están en todos lados, incluido el cine. Este género de chico, si se puede llamar así, nunca se ha sentido identificado con James Bond o con Bogart. Nunca ha tenido la réplica perfecta para ligar con la chica que le gusta; más bien al revés, normalmente con ella suelta alguna parida, y las frases perfectas o ingeniosas le brotan cuando está con los amigos. Ellos, en cambio, se sienten identificados cuando ven en la gran pantalla a algún chico que no tiene suerte en el amor, o que debe currárselo mucho para que ella se rinda ante él. Yo, que ya he dicho al principio que tengo bastantes características proternalíacas, sé cazarlos al vuelo cuando los veo. Sé que ese personaje que está en mi pantalla, podrían entender perfectamente lo que sentían mi padre y a su amigo cuando eran incapaces de parar a aquellas chicas. ¿Quiénes son los proternorles del cine? Seguramente ya habrás pensado alguno, y quizás coincidas conmigo.

Una imagen vale más que mil palabras, dicen. Y si no has visto Primos, que a estas alturas raro me parece, te propongo dejar este artículo a mitad y ver el principio. Esos diez minutos iniciales reflejan de manera genial lo que significar ser un proternorle. Escenas como la de “te prequiero”, o contar a Inma Cuesta que lo han dejado plantado en su propia boda no hacen otra cosa sino confirmar mi teoría de que un proternorle suele salir a cagada por conversación, cuando se trata de intentar conquistar a la chica. Además, no nos engañemos, Diego le echa valor e intenta olvidar a la mujer que lo ha dejado plantado de la única manera que sabe: enamorándose completamente de otra.

Pero hay más, claro, ¿has visto 500 días juntos? Si juntas a todas nuestras ex novias en una batidora, la mezcla “perfecta “ sería Summer. Qué jodidamente bella y cabrona es. Tom (Joseph Gordon-Levitt) solo necesita una conversación en ascensor y un par de gustos en común para caer completamente enamorado de ella. Y así es un proternorle, cree que la más mínima casualidad hará que esa mujer quiera compartir con él el resto de su vida. Él intenta en todo momento adaptarse a los nuevos tiempos y no enamorarse, pero le es imposible, la corteza de este género de chicos no está hecha para enamorarse con el freno de mano puesto. Como ya dije, más vale una escena que todo este artículo. Y para mí, la mejor escena de 500 días juntos es cuando se divide en dos la pantalla, en un lado las expectativas de Tom y en el otro la realidad. ¿Nunca te ha sucedido? A mí sí. Al fin y al cabo, un proternorle suele ir cinco pasos por delante de lo que realmente está viviendo.

                       


Todo esto de lo que esto hablando no viene de ahora, no es algo exclusivo de esta época. Ya existían cuando todo era en blanco y negro y mi padre volvía a casa de mis abuelos con los bolsillos llenos de pipas. ¿Qué me dicen de Jack Lemmon?. Según una amiga es el novio perfecto. Y seguramente lo sea. ¿Quién no quiere a su lado a alguien bueno que te cuide? ¿Son las chicas tan tontas de elegir al cabrón que les hace sufrir en vez de al bonachón que le hace reír? Esto que parece tan claro, a Shirley MacLaine, en El Apartamento, le cuesta toda la película darse cuenta. Y mientras llega ese momento, es inevitable sentir empatía por Baxter y su manera tan tonta de caer enamorado de quien está enamorada de otro. Todo proternorle ha sido hombro en el que esas maravillosas chicas lloran las penas del orangután de turno.

Se me han venido a la cabeza estos ejemplos, aunque está claro que la lista es interminable, todavía queda hueco para los últimos románticos en la gran pantalla. Y por suerte, en la vida también.

Si se te ocurre alguno más no dudes en llamarlo para que se apunte a nuestra próxima ruptura, seguro que sabrá darnos buenos consejos.




Colaboración de Juanan Salmerón para la web de Cine, Dentro de la sala

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