lunes, 9 de junio de 2014

El último cromo del paquete

Soy joven, lo reconozco, no tanto como me gustaría, pero sí lo suficiente como para no haber visto a Roberto Baggio, Lothar Matthäus o Bebeto jugando un Mundial. Es más, me atrevería a decir que el primer recuerdo futbolístico que tengo es la famosa pifia de Zubizarreta. No, no me refiero al fichaje de Song o dejar escapar a Thiago, me refiero a su glorioso partido contra Nigeria en Francia 98. Mi debut como seleccionador enfrente del televisor fue perdiendo y eliminándonos antes que el resto de favoritas. Por aquel entonces no intuíamos lo que se nos venía encima.

Caer eliminados tan pronto provocaba tener que prestar más atención a otras selecciones, aquellas que tuviesen posibilidades de llegar hasta la final y así poder ver todos los partidos con cierta emoción. Y ahí estaba Francia. Aquel equipo lleno de grandes jugadores vivía por entonces sus mejores momentos, se alzaba con el Mundial en casa frente a la favorita Brasil y en la siguiente Eurocopa también conseguía imponerse. Si sumamos esos dos títulos a mi edad e ingenuidad, daba como resultado un equipo invencible. No veía a ninguna selección capaz de ganarles en 2002. 

Llegó el siguiente Mundial y como es tradición, Panini lanzó su colección de cromos. A la hora de comprar, estaban los que solo buscaban a las grandes estrellas; si no salían Rivaldo o Zidane, tiraban el resto de paquete a la basura. Y por otro lado el resto, el que compraba buscando a Okocha o Cuauhtémoc Blanco. Para mí, comprar cromos era un vicio además de una tradición. Aprovechaba las pocas sobras del pan que le compraba a mi madre para comprar cinco cromos más. Los necesitaba. Me sentía como ese típico marido que baja a comprarse un cigarro a escondidas al estanco, intentando que no se entere su mujer de que no ha podido dejar de fumar del todo. 

Compraba de cinco en cinco, o de seis en seis, hasta juntar jugadores, selecciones y convocatorias suficientes para jugar partidos entre los cromos. En un equipo Zidane y en el otro Pirlo, los buenos siempre sacaban dedos para elegir compañeros. Pero yo no pertenecía al primer grupo, no solo tenía ojos para las estrellas. De ese Mundial recuerdo tener el cromo de Ronaldo, Suker y también el de Mokoena o El Hadji Diouf. El protagonista de este artículo aunque parezca mentira.

En los días previos al Mundial, me dediqué a jugar miles de torneos con los cromos y en ellos siempre destacaba El Hadji Diouf. Aquel joven senegalés con cara de pillo y pelo de haber vivido en España cuando estaba de moda la ruta del bacalao. Siempre era máximo goleador, siempre estaba por delante de Ronaldo y Suker. Y como no podía ser de otra manera, aquel joven casi desconocido para los que tiraban el resto del paquete de cromos, cuajó un gran Mundial.

Llegó el partido inaugural y se enfrentaron dos de mis mitos infantiles. La campeona Francia y el jugador que ya había ganado varios torneos en el pasillo de mi casa como máximo goleador. Llegó el partido y para sorpresa de todos ganó Senegal. Con los años, he ido creando una mística alrededor de ese partido. En mi imaginación, Senegal metió cuatro goles a la invencible Francia y todos del mismo, de Diouf. En mi imaginación, Senegal fue la mejor selección de ese mundial y ese jugador con cara de pillo el jugador más destacado. En mi imaginación, El Hadji Diouf, gracias a ese Mundial, fichó por un gran equipo e hizo una gran carrera. 

                     


Y sé que no es así, he estado buscando datos y vídeos de esos partidos, de la carrera de El Hadji Diouf y no es para tanto como yo pienso. Ni siquiera metió él el gol contra Francia. Pero no voy a dejar que la realidad estropeé mi recuerdo de El Hadji Diouf como mejor jugador de toda mi colección de cromos. Mantendré ante quien sea que le metió cuatro goles a la mejor selección de la historia y que ha sido el mejor jugador de estos últimos años. Al fin y al cabo, los recuerdos y la imaginación es lo que marcan nuestra niñez. Que no vengan los amantes de las estadísticas a explicarme con datos que no pasó de ser un jugador más del montón porque no les escucharé. No sé si ellos entienden lo que supone emocionarse porque te salga un cromo que no es el que todo el mundo espera.


Texto escrito por Juanan Salmerón para el Nº XXI de la revista Lineker Magazine . En su edición especial de cara al Mundial.

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