sábado, 8 de noviembre de 2014

A dos metros bajo tierra

Hace una semana terminé de ver la serie 'A dos metros bajo tierra' (Six feet under), así que, comprenderéis porque necesito escribir sobre ella, sin adornos, esto es ruido de fondo, sin rimas, sin cadencia, sin tabúes, solo yo y mi deseo de escribir. Y he pensado que se merecía un hueco en este blog. Es mi forma de rendirle homenaje y compartirlo con vosotros.

He llorado (también he reído, sufrido, mosqueado y me he puesto cachonda) con esta puta serie. En realidad yo no la denominaría serie, más bien, novela filosófica. Personalmente, una obra maestra, de esas que pasan por televisión rara vez y que rompe con el esquema a seguir en las series americanas. Son de de esas que no te dejan pegar ojo la noche (o varios días más) cuando la terminas de ver, porque la necesitas desmenuzar apresuradamente despacio. No puedes pensar en otra cosa, como un idiota. Seguro que tú (el que la ha visto) comprende lo que quiero transmitir. 

Estoy segura que mientras me leéis, tenéis en mente a la familia Fisher, su funeraria y esos nueve minutos finales tan brillantes que la televisión jamás ha emitido hasta ahora. De fondo,'Breathe me' de Sia. Y es que, nadie ha intentado ni imitarla, es demasiado entrañable, única e irrepetible como para poder atreverse a hacerlo.


Verla es regodearse con la tristeza, la gozas profundamente, es una forma de hundirse en la miseria conscientemente, ¡Y qué placer!

Pues sí, reconozco que esta familia me ha hecho recordar que estoy jodidamente viva y que...

Los conflictos y la hiriente sinceridad en las conversaciones no es síntoma de que algo va mal, y que, por supuesto, no eres especial porque alguien te lo diga. Olvídate de esa dosis de ego! La vida es una cuenta atrás, no la malgastes de esa manera.

No tenemos nuestro propio reloj biológico que nos chive que día moriremos, así que hay aguantar todo lo que nos dejen, respirar. Aún queda tiempo para demostrarle lo mucho que le queremos. Acurrúcate en él, porque es el que te traerá el bastón cuando no puedas caminar, el que te tocará el pelo aún cuando esté roto, blanco y escaso, el que, a pesar de su presbicia, te mirará con ojos de niño y querrá jugar contigo sea cuando sea, sea donde sea. Olvídate de ser eterno y empieza a creer tu inmortalidad junto a esa persona que desea hacerte el amor otros sesenta años más, quitarte las sábanas cuando estés durmiendo o desabrocharte el jersey en situaciones imprevistas.


A dos metros bajo tierra. Encarecidamente la recomiendo. Cambiará tu forma de ver o entender las cosas, o al menos, durante algún tiempo.



‘Everything, everyone, everywhere, ends’







                                                                                                            Encarna Moreno 

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